San Ginés: Quevedo, El Greco y chocolate con churros

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Métete por el pasadizo estrecho que sale de la calle del Arenal y verás, pegadas una a otra, la tapia de una de las iglesias más antiguas de Madrid y la fachada de una chocolatería que sirve churros desde 1894.

Key Facts

PlaceSan Ginés: Quevedo, El Greco y chocolate con churros
AddressCalle del Arenal 13, 28013 Madrid, Spain
Geo Coordinates40.41690, -3.70680
Part of WalkEl Madrid de los Austrias: de la Puerta del Sol a Botín entre plazas, conventos y leyendas
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Métete por el pasadizo estrecho que sale de la calle del Arenal y verás, pegadas una a otra, la tapia de una de las iglesias más antiguas de Madrid y la fachada de una chocolatería que sirve churros desde 1894. En esta ciudad lo sagrado y lo frito siempre han sido vecinos, y nadie ha encontrado nunca un buen motivo para separarlos.

San Ginés ya figura entre las parroquias del Fuero de Madrid de 1202, cuando la villa era poco más que un puñado de calles alrededor del alcázar. El templo que ves se levantó de nuevo en el siglo XVII. Aquí bautizaron en 1580 a Francisco de Quevedo, el poeta de la lengua más afilada del Siglo de Oro, y dentro se guarda un tesoro que casi nadie viene a buscar: una Expulsión de los mercaderes del templo pintada por El Greco.

El nombre de la calle también tiene su historia. Por aquí bajaba un arroyo que arrastraba arena hacia el Manzanares, y cuando la ciudad lo enterró, se quedó el nombre: el Arenal. Hoy es una de las calles peatonales más transitadas del centro, el camino natural entre la Puerta del Sol y el Palacio Real.

El pasadizo tiene además su leyenda literaria. Muchos identifican esta chocolatería con la buñolería modernista del pasadizo de San Ginés que aparece en Luces de bohemia, la obra de Valle-Inclán publicada en 1920, por donde vaga de madrugada el poeta ciego Max Estrella. Es el Madrid del esperpento: bohemios sin un duro, cafés llenos de humo y conversaciones que duraban hasta que salía el sol.

Y ahora, el chocolate. Desde hace más de un siglo este es el final clásico de las noches madrileñas: de los teatros y los cafés de antaño a las discotecas de hoy, generaciones enteras han acabado aquí mojando churros en un chocolate tan espeso que la cuchara casi se tiene en pie. Si quieres hablar como un madrileño, pide porras, que son los churros gordos. Luego sigue por Arenal hacia el oeste y, poco antes del Teatro Real, desvíate a la izquierda hacia una plazuela tranquila: allí se perdió la pista del pintor más grande de esta ciudad.

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