Plaza Mayor: toros, autos de fe y tres incendios
Why is it significant?
Entra y deja que la plaza se abra de golpe: un rectángulo enorme, cerrado por los cuatro costados, con fachadas de color almagre, balcones de hierro y, en el centro, Felipe III a caballo. Gira despacio sobre ti mismo, porque desde dentro no se ve ni un trozo de la ciudad que la rodea.
Key Facts
| Place | Plaza Mayor: toros, autos de fe y tres incendios |
|---|---|
| Address | Plaza Mayor, 28012 Madrid, Spain |
| Geo Coordinates | 40.41540, -3.70700 |
| Part of Walk | El Madrid de los Austrias: de la Puerta del Sol a Botín entre plazas, conventos y leyendas |
| Generated | Generated |
Entra y deja que la plaza se abra de golpe: un rectángulo enorme, cerrado por los cuatro costados, con fachadas de color almagre, balcones de hierro y, en el centro, Felipe III a caballo. Gira despacio sobre ti mismo, porque desde dentro no se ve ni un trozo de la ciudad que la rodea. La Plaza Mayor se pensó como un gran salón al aire libre, con el cielo por techo.
Antes de que existiera, aquí había una explanada a las afueras de la villa, la plaza del Arrabal, donde se montaba el mercado más concurrido de Madrid. Cuando la corte se instaló en la ciudad, aquel descampado se quedó pequeño y desordenado para una capital, y Felipe III encargó a Juan Gómez de Mora una plaza a su medida, que se terminó en 1619. La Casa de la Panadería, la de las pinturas en la fachada, ya existía antes y se integró en el conjunto.
Esta plaza fue escenario de todo: corridas de toros, canonizaciones, fiestas reales... y autos de fe. En el de 1680, el rey Carlos II asistió desde un balcón a una jornada entera de sentencias de la Inquisición, y la escena quedó en un gran lienzo de Francisco Rizi que hoy está en el Prado. También se ejecutaba aquí. En 1621 subió al cadalso don Rodrigo Calderón, que había sido el hombre de confianza del duque de Lerma, y lo hizo con tanta entereza que nació un dicho: tener más orgullo que don Rodrigo en la horca. Curiosamente, no lo ahorcaron: lo degollaron.
La plaza ardió tres veces, en 1631, en 1672 y en 1790. Tras el último incendio, el más devastador, Juan de Villanueva, el arquitecto del Museo del Prado, la reconstruyó: rebajó la altura de los edificios y cerró las esquinas con arcos, y esa es la plaza que pisas. Las pinturas de la Casa de la Panadería son mucho más recientes, de 1992, obra de Carlos Franco.
Mira ahora el caballo. La estatua la empezó Giambologna y la terminó Pietro Tacca en Florencia, en 1616, y no llegó a esta plaza hasta 1848. Cuentan que el animal tenía la boca abierta, que durante décadas los gorriones se colaban dentro y no sabían salir, y que en 1931 un petardo le reventó la panza y dejó la plaza sembrada de huesecillos de pájaro. Después le cerraron la boca. Sal por el arco de la esquina sur, el de la calle de Toledo, y baja por ella hasta una fachada de piedra enorme.