Real Casa de la Aduana: el palacio de los impuestos de Carlos III
Why is it significant?
Estás en la calle de Alcalá, a un paso de la Puerta del Sol, delante de un palacio largo y elegante de piedra y ladrillo, con el escudo real sobre la puerta. Parece la residencia de un príncipe, pero se construyó para algo mucho menos romántico: cobrar impuestos.
Key Facts
| Place | Real Casa de la Aduana: el palacio de los impuestos de Carlos III |
|---|---|
| Address | Calle de Alcalá 9, 28014 Madrid, Spain |
| Geo Coordinates | 40.41780, -3.70150 |
| Part of Walk | El Madrid de los reyes: Ópera, Palacio Real, Sabatini y el Campo del Moro |
| Generated | Generated |
Estás en la calle de Alcalá, a un paso de la Puerta del Sol, delante de un palacio largo y elegante de piedra y ladrillo, con el escudo real sobre la puerta. Parece la residencia de un príncipe, pero se construyó para algo mucho menos romántico: cobrar impuestos. Es la Real Casa de la Aduana, y más de dos siglos y medio después sigue siendo la casa de Hacienda. Hay tradiciones que no cambian.
La mandó levantar Carlos III, y la terminó en 1769 un arquitecto que había llegado con él desde Nápoles: Francesco Sabatini, yerno del gran Luigi Vanvitelli, el autor del palacio de Caserta. Sabatini se convirtió en el arquitecto del rey en Madrid, y vas a cruzarte con su nombre varias veces en este paseo: firmó la Puerta de Alcalá, levantó las caballerizas del palacio y acabó dando nombre a unos jardines.
Pero su obra más revolucionaria no fue un edificio, sino un reglamento. Cuando Carlos III llegó, Madrid tenía fama de ser una de las capitales más sucias de Europa: las aguas sucias se tiraban por la ventana al grito de agua va. Sabatini redactó una instrucción para empedrar y limpiar las calles, con pozos, alcantarillas y recogida de basuras. Hubo quejas, claro, y cuentan que el rey comentó que sus súbditos eran como los niños, que lloran cuando se les lava.
Por todo aquello, a Carlos III los madrileños lo recuerdan como el mejor alcalde de Madrid: alumbrado, paseos, fuentes, el Prado. Pero su reinado conoció también la cara amarga. En 1766 estalló el motín de Esquilache, provocado por la carestía del pan y por una orden que obligaba a recortar capas y sombreros, y el rey tuvo que salir de Madrid y despedir a su ministro italiano. Ni el mejor alcalde se libra de una buena bronca castiza.
Justo al lado está la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, fundada por Fernando VI en 1752, donde Goya llegó a dirigir la enseñanza de la pintura. Ahora cruza la Puerta del Sol y sube por las calles que salen hacia el noroeste hasta una plaza recogida: allí, tras una fachada casi desnuda, vive uno de los conventos más ricos de Europa.