Colegiata de San Isidro: la catedral provisional de Madrid

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Esta fachada colosal de piedra, con sus columnas gigantes, parece demasiado grande para una calle tan estrecha y tan comercial como la de Toledo. Y tiene su lógica: no se pensó como una iglesia de barrio, sino como el templo de un colegio donde se educaba a la élite de un imperio.

Key Facts

PlaceColegiata de San Isidro: la catedral provisional de Madrid
AddressCalle de Toledo 37, 28005 Madrid, Spain
Geo Coordinates40.41290, -3.70690
Part of WalkEl Madrid de los Austrias: de la Puerta del Sol a Botín entre plazas, conventos y leyendas
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Esta fachada colosal de piedra, con sus columnas gigantes, parece demasiado grande para una calle tan estrecha y tan comercial como la de Toledo. Y tiene su lógica: no se pensó como una iglesia de barrio, sino como el templo de un colegio donde se educaba a la élite de un imperio.

Lo fundaron los jesuitas gracias al legado de la emperatriz María de Austria, hija de Carlos V, y por eso se llamó Colegio Imperial. La iglesia se levantó a lo largo del siglo XVII. Por sus aulas pasaron Quevedo y Calderón de la Barca, y allí se enseñaban latín, griego y matemáticas a los hijos de la nobleza y de la corte. Imagínate la calle de Toledo de entonces, llena de estudiantes con sotana, carros de grano y vendedores camino de la Plaza Mayor.

En 1767 Carlos III expulsó a los jesuitas de todos sus reinos, y el templo cambió de dueño... y de santo. El rey lo dedicó a san Isidro, el labrador patrón de Madrid, y mandó trasladar aquí su cuerpo y el de su esposa, santa María de la Cabeza. Desde entonces, para los madrileños, esto es simplemente San Isidro.

Y aquí viene la paradoja. Madrid fue capital desde 1561, pero no tuvo diócesis propia hasta 1885, porque dependía del arzobispado de Toledo. Cuando por fin la tuvo, faltaba la catedral, y esta iglesia hizo de catedral provisional... durante más de un siglo, hasta que se consagró la Almudena en 1993. En Madrid, lo provisional siempre ha tenido vocación de quedarse. En julio de 1936, al comienzo de la Guerra Civil, un incendio destruyó buena parte de su interior, que se rehízo en la posguerra.

Ahora cruza hacia el oeste buscando la plaza de Puerta Cerrada, con una cruz de piedra en medio. Debe su nombre a una puerta de la muralla medieval que, según cuentan, se mantenía cerrada porque los maleantes se escondían en sus recovecos. Desde allí, la calle del Nuncio te lleva junto a la torre mudéjar de San Pedro el Viejo, una de las más antiguas de Madrid, y un poco más arriba se abre la plaza de la Paja.

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