Plaza del Dos de Mayo: el arco de Monteleón y la plaza de la Movida

Why is it significant?

Esta plaza cuadrada, con su parque infantil, sus terrazas y sus bancos siempre ocupados, tiene en el centro un arco de ladrillo y piedra que no lleva a ninguna parte. Bajo él, dos militares de mármol permanecen en pie, juntos, uno de ellos con la espada en la mano.

Key Facts

PlacePlaza del Dos de Mayo: el arco de Monteleón y la plaza de la Movida
AddressPlaza del Dos de Mayo, 28004 Madrid, Spain
Geo Coordinates40.42700, -3.70410
Part of WalkMalasaña, del Dos de Mayo a la Movida: la banda sonora rebelde de Madrid
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Esta plaza cuadrada, con su parque infantil, sus terrazas y sus bancos siempre ocupados, tiene en el centro un arco de ladrillo y piedra que no lleva a ninguna parte. Bajo él, dos militares de mármol permanecen en pie, juntos, uno de ellos con la espada en la mano.

Ese arco es lo único que queda del palacio de los duques de Monteleón, convertido en Parque de Artillería. El 2 de mayo de 1808, mientras el pueblo de Madrid se levantaba contra las tropas francesas, dos capitanes de artillería, Luis Daoíz y Pedro Velarde, desobedecieron la orden de permanecer en los cuarteles, abrieron el parque, repartieron armas a los vecinos y lo defendieron con un puñado de soldados y civiles frente a fuerzas muy superiores. Los dos murieron aquel día.

El grupo de mármol que los recuerda es obra del escultor Antonio Solá, que lo terminó en 1822. Y si quieres ponerle imágenes a aquella jornada, Goya las pintó en dos cuadros que hoy cuelgan en el Prado: la carga de los mamelucos en la Puerta del Sol y los fusilamientos del 3 de mayo. Pocas veces el miedo de una ciudad ha quedado tan bien retratado.

Ahora cambia de siglo. A principios de los ochenta, esta plaza fue el salón al aire libre de la Movida. Los bares de alrededor cerraban tarde, la gente se sentaba en el suelo con casetes, litronas y cazadoras de cuero, y en las fiestas del barrio, alrededor del 2 de mayo, se montaban escenarios para grupos jóvenes. Era la primera generación que salía de noche en libertad después de cuarenta años de dictadura, y lo celebraba a todo volumen.

Hubo también sombras. La heroína golpeó con dureza a muchos de aquellos chicos, y el barrio vivió unos años difíciles de los que todavía se habla en voz baja. Por eso esta plaza es tan madrileña: memoria heroica, fiesta y advertencia, todo a la vez. Sal por la calle de San Andrés, hacia el sur, y busca en una esquina una fachada cubierta de azulejos.

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