San Andrés y el Museo de San Isidro: el pozo del patrón labrador

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Delante de ti se alza una iglesia de ladrillo y piedra con una cúpula rematada por una linterna, y a su lado una casa de aspecto sencillo que guarda, en su interior, un pozo. Hace unos novecientos años, este rincón pertenecía al mundo de un hombre que se ganaba la vida arando tierras ajenas.

Key Facts

PlaceSan Andrés y el Museo de San Isidro: el pozo del patrón labrador
AddressPlaza de San Andrés 2, 28005 Madrid, Spain
Geo Coordinates40.41220, -3.71150
Part of WalkCocido, Rastro y vermut: La Latina y Lavapiés, el Madrid castizo que se come
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Delante de ti se alza una iglesia de ladrillo y piedra con una cúpula rematada por una linterna, y a su lado una casa de aspecto sencillo que guarda, en su interior, un pozo. Hace unos novecientos años, este rincón pertenecía al mundo de un hombre que se ganaba la vida arando tierras ajenas.

Se llamaba Isidro, y la tradición cuenta que nació en Madrid a finales del siglo once y trabajó como jornalero para un caballero, Iván de Vargas, en los campos del otro lado del río. Sus compañeros le acusaron de llegar siempre tarde por quedarse rezando. Cuando el amo fue a comprobarlo, dice la leyenda, lo encontró rezando... mientras dos ángeles araban por él con una yunta de bueyes blancos.

Su milagro más famoso tiene que ver con agua. Según la tradición, el hijo pequeño de Isidro cayó a un pozo, y el santo y su mujer, María de la Cabeza, rezaron hasta que el agua subió y devolvió al niño sano y salvo. En el Museo de San Isidro, aquí al lado, te enseñan un pozo que la tradición identifica con aquel, y durante siglos los madrileños bebieron su agua como remedio contra las fiebres.

Isidro fue canonizado en 1622, el mismo día que Teresa de Jesús, Ignacio de Loyola, Francisco Javier y Felipe Neri, y se cuenta que en Roma bromeaban con que el papa había hecho santos a cuatro españoles... y a un santo. Madrid lo celebra cada 15 de mayo como solo Madrid sabe: chulapos y chulapas con parpusa y clavel, chotis en la pradera del otro lado del río, la misma que pintó Goya, y rosquillas. Las tontas, sin nada por encima. Las listas, bañadas en un glaseado de azúcar. Discutir cuál es mejor forma parte del rito.

La iglesia que ves no es exactamente la del santo. Sus restos se trasladaron en el siglo dieciocho a la Colegiata de la calle de Toledo, y San Andrés ardió en julio de 1936, al comienzo de la Guerra Civil; lo que hoy se visita es fruto de una larga restauración. Ahora baja hacia el sur, hasta la Carrera de San Francisco: al fondo asoma ya la cúpula más grande de España.

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