Viaducto de Segovia: el puente sobre el barranco
Why is it significant?
Acércate a la barandilla y mira abajo: la calle de Segovia corre por el fondo de un barranco, muy por debajo de tus pies, y al fondo se abren los árboles de la Casa de Campo y, en los días claros, la sierra de Guadarrama.
Key Facts
| Place | Viaducto de Segovia: el puente sobre el barranco |
|---|---|
| Address | Calle de Bailén, 28005 Madrid, Spain |
| Geo Coordinates | 40.41390, -3.71360 |
| Part of Walk | El Madrid de los Austrias: de la Puerta del Sol a Botín entre plazas, conventos y leyendas |
| Generated | Generated |
Acércate a la barandilla y mira abajo: la calle de Segovia corre por el fondo de un barranco, muy por debajo de tus pies, y al fondo se abren los árboles de la Casa de Campo y, en los días claros, la sierra de Guadarrama. Estás sobre el viaducto de Segovia, el puente que Madrid tuvo que construir para saltar por encima de su propia geografía.
Madrid nació sobre colinas cortadas por arroyos, y uno de ellos, el de San Pedro, abrió este valle que hoy ocupa la calle de Segovia. Durante siglos, para ir del palacio a San Francisco el Grande había que bajar la cuesta y volver a subirla. La idea de un puente que lo evitara ya rondaba en tiempos de José Bonaparte, pero el primer viaducto, de hierro, no se inauguró hasta 1874.
El que pisas es su sustituto, de 1934, proyectado por el arquitecto Francisco Javier Ferrero: hormigón, líneas rectas y arcos limpios, uno de los grandes ejemplos de arquitectura racionalista de la ciudad. Visto desde la calle de Segovia parece un acueducto moderno tendido entre dos colinas, y es una de las imágenes más fotografiadas de Madrid.
Si sigues con la mirada la calle hacia el río, llegarías al puente de Segovia, que Juan de Herrera levantó para Felipe II en el siglo XVI, el puente más antiguo que conserva la ciudad. Era tan grande para un río tan modesto que los poetas del Siglo de Oro se burlaban sin piedad: decían que Madrid tenía que vender el puente o comprarse un río. El Manzanares, eso sí, ha aguantado las bromas con mucha paciencia.
Durante décadas, el viaducto cargó también con una fama triste, y por eso hoy lo protegen esas mamparas de cristal. Ahora camina hacia la calle Mayor y busca, junto a ella, la calle del Sacramento: allí se esconden una iglesia barroca que casi nadie mira y el palacio de un hijo que traicionó a su padre.