Plaza y Mercado de la Cebada: grano, horca y bocadillo de calamares
Why is it significant?
Delante tienes una plaza en cuesta, ruidosa y viva, y en ella un mercado de hormigón de los años sesenta del que a cualquier hora sale alguien con una bolsa de naranjas o un paquete de pescado bajo el brazo. El nombre de la plaza ya te cuenta lo que se compraba aquí antes que nada. Cebada.
Key Facts
| Place | Plaza y Mercado de la Cebada: grano, horca y bocadillo de calamares |
|---|---|
| Address | Plaza de la Cebada 15, 28005 Madrid, Spain |
| Geo Coordinates | 40.41110, -3.70980 |
| Part of Walk | Cocido, Rastro y vermut: La Latina y Lavapiés, el Madrid castizo que se come |
| Generated | Generated |
Delante tienes una plaza en cuesta, ruidosa y viva, y en ella un mercado de hormigón de los años sesenta del que a cualquier hora sale alguien con una bolsa de naranjas o un paquete de pescado bajo el brazo. El nombre de la plaza ya te cuenta lo que se compraba aquí antes que nada.
Cebada. Y trigo, y grano de todo tipo para el pan de los madrileños y el pienso de las mulas que llenaban las posadas de la Cava Baja. Esta fue durante siglos la plaza del mercado de granos, justo a las puertas de la antigua muralla, donde el campo entregaba a la ciudad lo que la ciudad no sabía producir.
La plaza tuvo también un uso mucho más sombrío: aquí se celebraron ejecuciones públicas. En noviembre de 1823 fue ahorcado en ella el general Rafael del Riego, el militar que había obligado a Fernando VII a jurar la Constitución de Cádiz. Su himno sobrevivió a su verdugo y, más de un siglo después, sería el himno oficial de la Segunda República.
En 1875 se levantó aquí un mercado de hierro y cristal, de esos que en el siglo diecinueve eran el orgullo de toda ciudad moderna. Aguantó unas ocho décadas, y el edificio actual se inauguró en 1962. Dentro, entre carnicerías, fruterías y pescaderías, entenderás una paradoja muy madrileña: una ciudad a cientos de kilómetros del mar que presume de comer el mejor pescado de España. Con el ferrocarril, el pescado empezó a llegar a la capital en pocas horas, y Madrid acabó siendo, como dicen los castizos, el mejor puerto del país.
De esa paradoja nació un clásico: el bocadillo de calamares. Calamar rebozado, pan crujiente y nada más, ni salsas ni adornos. Un madrileño te dirá muy serio que es el plato más típico de una ciudad sin costa, y no le faltará razón. Ahora cruza la calle de Toledo y toma la corta calle de San Millán: en lo alto de una plazuela te espera un soldado de bronce con una lata en la mano.