Rua do Benformoso

Why is it significant?

Recorre la Rua do Benformoso con todos los sentidos abiertos: huele a especias, a cilantro, a incienso, a pescado seco.

Key Facts

PlaceRua do Benformoso
AddressRua do Benformoso, 1100 Lisboa, Portugal
Geo Coordinates38.71800, -9.13510
Part of WalkMouraria y Graça: la Lisboa escondida del fado, las vilas obreras y los miradores
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Recorre la Rua do Benformoso con todos los sentidos abiertos: huele a especias, a cilantro, a incienso, a pescado seco. En los escaparates hay sacos de arroz, telas de colores, tarjetas telefónicas y verduras que en otros barrios de Lisboa nadie sabría nombrar, y a tu alrededor se oye bengalí, nepalí, urdu, criollo y portugués con todos los acentos del mundo.

La Mouraria siempre fue el barrio de los de fuera. Su nombre ya lo dice. Tras la conquista cristiana de Lisboa en 1147, el rey Afonso Henriques obligó a los musulmanes que se quedaron en la ciudad a vivir fuera de las murallas, en esta ladera. Tenían su mezquita, sus jueces y sus oficios, y un estatus de minoría tolerada... pero vigilada.

Esa tolerancia acabó a finales de 1496, cuando el rey Manuel I ordenó a judíos y musulmanes convertirse o abandonar el reino. Lo hizo, en buena parte, para poder casarse con una hija de los Reyes Católicos, que ponían esa condición. La morería se quedó sin moros, pero el nombre se quedó pegado a las piedras durante más de cinco siglos.

Y la historia, de algún modo, ha dado la vuelta. Desde finales del siglo veinte llegaron a estas calles vecinos de Bangladés, la India, Pakistán, Nepal, China, Mozambique o Guinea, y hoy la Mouraria es una de las zonas más diversas de Portugal. Detrás de alguna puerta discreta hay salas de oración, de modo que, cinco siglos después del decreto de Manuel I, en la vieja morería se vuelve a rezar mirando a La Meca.

Fíjate también en las casas: estrechas, de tres o cuatro plantas, con escaleras empinadísimas. La Mouraria sufrió con el terremoto de 1755 mucho menos que la Baixa, y por eso conserva el trazado irregular de calles que nadie planificó. Sigue bajando hasta el final de la calle, donde de repente el barrio se abre en una gran plaza moderna: Martim Moniz.

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