Largo do Intendente y la fachada Viúva Lamego

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Párate en mitad del Largo do Intendente, una plaza alargada con árboles y terrazas, y busca al fondo la fachada que brilla: un edificio entero vestido de azulejos, con figuras pintadas que te miran desde la pared. Es el mejor escaparate que una fábrica de cerámica podía inventarse.

Key Facts

PlaceLargo do Intendente y la fachada Viúva Lamego
AddressLargo do Intendente Pina Manique, 1100 Lisboa, Portugal
Geo Coordinates38.72080, -9.13490
Part of WalkMouraria y Graça: la Lisboa escondida del fado, las vilas obreras y los miradores
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Párate en mitad del Largo do Intendente, una plaza alargada con árboles y terrazas, y busca al fondo la fachada que brilla: un edificio entero vestido de azulejos, con figuras pintadas que te miran desde la pared. Es el mejor escaparate que una fábrica de cerámica podía inventarse.

Esa fachada pertenece a la antigua fábrica de loza Viúva Lamego, es decir, de la Viuda Lamego. El negocio nació a mediados del siglo diecinueve, y el edificio se convirtió en su propio anuncio: azulejos de arriba abajo, con figuras y alegorías, como un catálogo a tamaño real. El nombre viene de la esposa del fundador, que siguió al frente cuando él murió, y la marca de la viuda sobrevivió hasta hoy.

La plaza lleva el nombre de Diogo Inácio de Pina Manique, el temido intendente general de policía de finales del siglo dieciocho. Persiguió a masones, a liberales y a cualquiera que oliera a ideas francesas... pero también fundó la Casa Pia, una institución para niños huérfanos y pobres, y se le atribuye el primer alumbrado público de las calles de Lisboa. Un policía con alma de urbanista, o un urbanista con alma de policía.

Hace no tanto, el Intendente era un lugar del que los lisboetas hablaban en voz baja: droga, prostitución, edificios cayéndose a pedazos. En 2011, el entonces alcalde, António Costa, trasladó su despacho a esta plaza para forzar su recuperación. Hoy hay cafés, músicos ensayando, turistas despistados... y los vecinos de siempre, que han visto pasar las dos caras del barrio y no se fían del todo de ninguna.

Este paseo va de lo que Lisboa no enseña a la primera: la vieja morería, el fado que nació en sus tabernas, las vilas obreras escondidas tras un portón y unos miradores donde todavía no llegan todos los autobuses. Sal de la plaza hacia el sur por la Rua do Benformoso, y prepárate para cambiar de continente varias veces en pocos metros.

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