Estatua de Eça de Queirós

Why is it significant?

En el pequeño Largo do Barão de Quintela, un caballero con bigote se inclina sobre una mujer desnuda, apenas cubierta por un velo, que se abandona contra él.

Key Facts

PlaceEstatua de Eça de Queirós
AddressLargo do Barão de Quintela, 1200 Lisboa, Portugal
Geo Coordinates38.70980, -9.14330
Part of WalkLa Lisboa de Pessoa: Chiado y Bairro Alto, de la librería más antigua al gigante Adamastor
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En el pequeño Largo do Barão de Quintela, un caballero con bigote se inclina sobre una mujer desnuda, apenas cubierta por un velo, que se abandona contra él. No es una escena de escándalo... o sí, un poco: es el monumento a Eça de Queirós, el gran novelista portugués del siglo diecinueve, y la mujer es la Verdad.

Busca la inscripción del pedestal. Dice, más o menos: sobre la desnudez fuerte de la verdad, el manto diáfano de la fantasía. Es la frase que Eça puso al frente de su novela La reliquia, y resume su manera de escribir: la verdad sin adornos, pero contada con imaginación. El escultor António Teixeira Lopes inauguró la obra en 1903, tres años después de que el escritor muriera en París.

Eça fue un provocador. En 1871, con un grupo de jóvenes intelectuales, organizó en un casino del Chiado unas conferencias que pretendían despertar a Portugal de su modorra; él habló del realismo en el arte. El gobierno las prohibió antes de que terminaran. Después pasó media vida fuera, como cónsul en La Habana, en Inglaterra y en París, mirando su país desde lejos con una mezcla de cariño e ironía feroz.

Su gran novela, Los Maia, se publicó en 1888, el mismo año en que nació Pessoa a pocas calles de aquí. Cuenta la decadencia de una familia rica de Lisboa, y sus personajes pasean por el Chiado, el Loreto y la orilla del río como tú hoy. En la última página, dos amigos acaban de convencerse de que en la vida no merece la pena correr por nada... y en ese mismo instante echan a correr para alcanzar un tranvía.

Fíjate en lo bien elegido que está el sitio: a un paso del Chiado que Eça retrató con tanta malicia, entre las mismas cuestas que subían sus dandis aburridos. Pessoa lo admiraba, aunque de jóvenes las generaciones siempre se peleen con sus padres literarios. Para el final, toma hacia el oeste por la Rua do Loreto y la Calçada do Combro, y luego baja a la izquierda hasta el mirador donde un gigante de piedra vigila el río.

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