A Ginjinha, Largo de São Domingos
Why is it significant?
Busca la barra más pequeña que hayas visto nunca: un mostrador de madera, botellas alineadas, un camarero que llena vasitos sin parar y gente que bebe de pie, en la acera, a cualquier hora. Es A Ginjinha, abierta en 1840 en el Largo de São Domingos, y desde entonces apenas ha cambiado.
Key Facts
| Place | A Ginjinha, Largo de São Domingos |
|---|---|
| Address | Largo de São Domingos 8, 1100-201 Lisboa, Portugal |
| Geo Coordinates | 38.71470, -9.13910 |
| Part of Walk | Lisboa a bocados: ginjinha, pasteles, bacalao y mercados |
| Generated | Generated |
Busca la barra más pequeña que hayas visto nunca: un mostrador de madera, botellas alineadas, un camarero que llena vasitos sin parar y gente que bebe de pie, en la acera, a cualquier hora. Es A Ginjinha, abierta en 1840 en el Largo de São Domingos, y desde entonces apenas ha cambiado.
La ginjinha, o simplemente ginja, es un licor de guindas, esas cerezas ácidas que en Portugal se llaman ginjas, maceradas en aguardiente con azúcar. La receta exacta de cada casa es un secreto. Y aquí viene un detalle que te va a hacer sonreír: el fundador de este bar, Francisco Espinheira, era gallego. La leyenda dice que se inspiró en la receta de un fraile de la vecindad. Un gallego enseñando a beber a Lisboa... los aguadores y los taberneros gallegos fueron durante mucho tiempo parte del paisaje de esta ciudad.
Cuando pidas, el camarero te hará la pregunta clave: com elas ou sem elas, ¿con ellas o sin ellas? Se refiere a las guindas. Si dices que sí, te caerá en el vaso una cereza empapada de licor, y la tradición es comérsela al final. Dulce, ácido, fuerte, en un trago: así es la ginjinha, que los lisboetas toman como aperitivo, como digestivo o como excusa.
Pero esta plaza también guarda memoria de lo peor. En abril de 1506, durante la Pascua, empezó aquí una matanza de cristianos nuevos, judíos convertidos a la fuerza, que en tres días dejó miles de muertos en Lisboa. Desde 2008 un memorial recuerda a las víctimas, y en una pared cercana se lee la frase Lisboa, ciudad de la tolerancia, escrita en muchos idiomas. A tu lado está la iglesia de São Domingos, cuyo interior quemado en 1959 se dejó así, con las cicatrices a la vista.
Brinda en silencio por los que no pudieron hacerlo, y sigue. Cruza hacia la plaza grande de al lado, la Praça da Figueira, con su estatua ecuestre, y busca en la esquina una pastelería con escaparates de madera y letras doradas. Es el siguiente pecado.