Igreja de São Domingos: las cicatrices del fuego

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Asómate al interior de la Igreja de São Domingos y deja que tus ojos se acostumbren a la penumbra. Las columnas están agrietadas, la piedra tiene un color rosado y ocre, ennegrecido a parches, y en los muros se ven las cicatrices como si el incendio hubiera sido ayer.

Key Facts

PlaceIgreja de São Domingos: las cicatrices del fuego
AddressLargo de São Domingos, 1150 Lisboa, Portugal
Geo Coordinates38.71470, -9.13830
Part of WalkLisboa renacida: la Baixa Pombalina y el terremoto de 1755
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Asómate al interior de la Igreja de São Domingos y deja que tus ojos se acostumbren a la penumbra. Las columnas están agrietadas, la piedra tiene un color rosado y ocre, ennegrecido a parches, y en los muros se ven las cicatrices como si el incendio hubiera sido ayer. No es una ruina de decorado: es memoria.

El 13 de agosto de 1959 un incendio devastó la iglesia. Ardieron retablos dorados, pinturas e imágenes, y el calor fue tal que hizo estallar la piedra de las columnas. Tardó décadas en reabrir, en 1994, y se decidió no disimular las heridas. Antes ya había sobrevivido, maltrecha, al terremoto de 1755, y fue reconstruida sobre lo que quedaba de un convento dominico fundado en el siglo XIII.

Pero guarda un recuerdo mucho más oscuro. En abril de 1506, durante una misa en este templo, algunos fieles creyeron ver un brillo milagroso en un crucifijo, y un cristiano nuevo, un judío convertido a la fuerza, dijo que sería un reflejo de luz. Lo sacaron a rastras y lo mataron. Azuzada por algunos frailes, la multitud se lanzó durante tres días contra los conversos de la ciudad, y murieron miles de personas. Fuera, en el largo, un memorial con una estrella de David lo recuerda desde 2008.

Treinta años después llegó la Inquisición portuguesa, establecida en 1536, muy parecida a la española. Los autos de fe se celebraban a pocos pasos de aquí, en el Rossio, y los dominicos predicaban en ellos. En los años en que Portugal y Castilla compartieron rey, muchos conversos cruzaron la frontera en un sentido u otro, huyendo de un tribunal para caer, a veces, en manos del otro.

Al salir, mira el largo con calma: desde hace generaciones es punto de encuentro de la comunidad africana de Lisboa, y en una esquina sigue la barra de ginjinha más antigua de la ciudad. Ahora camina hacia el noroeste, dejando a tu izquierda el Teatro Nacional y la estación del Rossio, hasta una plaza alargada presidida por un obelisco.

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