Rossio y Teatro D. Maria II: del tribunal de la fe al escenario
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Bajo tus pies, el suelo ondula: piedra blanca y piedra negra dibujan olas que marean un poco si las miras fijamente. Estás en el Rossio, oficialmente Praça de D. Pedro IV, la plaza que durante siglos fue salón, mercado y cadalso de Lisboa. Al norte la cierra el frontón clásico del Teatro Nacional D.
Key Facts
| Place | Rossio y Teatro D. Maria II: del tribunal de la fe al escenario |
|---|---|
| Address | Praça Dom Pedro IV, 1100-201 Lisboa, Portugal |
| Geo Coordinates | 38.71450, -9.13960 |
| Part of Walk | Lisboa renacida: la Baixa Pombalina y el terremoto de 1755 |
| Generated | Generated |
Bajo tus pies, el suelo ondula: piedra blanca y piedra negra dibujan olas que marean un poco si las miras fijamente. Estás en el Rossio, oficialmente Praça de D. Pedro IV, la plaza que durante siglos fue salón, mercado y cadalso de Lisboa. Al norte la cierra el frontón clásico del Teatro Nacional D. Maria II.
Donde está el teatro se alzaba el Palacio de los Estaus, construido para alojar a embajadores y nobles extranjeros, que acabó convertido en sede de la Inquisición portuguesa. En este Rossio y en el Terreiro do Paço se celebraron los autos de fe, el primero de Lisboa en 1540: lectura de sentencias ante miles de espectadores, penitencias públicas y, para algunos condenados, la hoguera. La Inquisición portuguesa no se abolió hasta 1821.
El terremoto derribó los Estaus, y en su solar se levantó entre 1842 y 1846 este teatro neoclásico, obra del arquitecto italiano Fortunato Lodi. En lo alto del frontón está Gil Vicente, el padre del teatro portugués, que escribía tanto en portugués como en castellano. Que sobre la antigua casa de la Inquisición se alce un dramaturgo burlón tiene algo de venganza poética. Y sí, también este edificio ardió, en 1964, y hubo que rehacerlo por dentro.
Ahora mira la columna del centro, con un rey de bronce en lo alto: es Pedro IV de Portugal, que también fue Pedro I, el primer emperador de Brasil. Corre por Lisboa una leyenda deliciosa: que la estatua era en realidad la de Maximiliano de México, encargada a un taller francés y vendida de saldo tras su fusilamiento en 1867. Los historiadores la desmienten, pero los lisboetas la siguen contando con una sonrisa.
Y el suelo: esta calçada portuguesa en ondas, el llamado mar largo, se colocó a mediados del siglo XIX y fue el modelo del famoso paseo de Copacabana, al otro lado del océano. Sal por la esquina suroeste de la plaza y baja unos pasos por la Rua do Ouro: a tu derecha, al fondo de una calle corta, asoma una torre de hierro que parece salida de una catedral gótica.