Torre de Belém: la puerta de Lisboa al mar
Why is it significant?
Ahí la tienes, blanca y casi de juguete, con sus garitas de cúpula, su balcón calado y sus almenas decoradas con la cruz de la Orden de Cristo.
Key Facts
| Place | Torre de Belém: la puerta de Lisboa al mar |
|---|---|
| Address | Avenida de Brasília, 1400-038 Lisboa, Portugal |
| Geo Coordinates | 38.69160, -9.21590 |
| Part of Walk | Belém y los Descubrimientos: imperio, especias y memoria en Lisboa |
| Generated | Generated |
Ahí la tienes, blanca y casi de juguete, con sus garitas de cúpula, su balcón calado y sus almenas decoradas con la cruz de la Orden de Cristo. La Torre de Belém se alza hoy en la orilla, pero cuando se construyó, entre 1514 y 1520 más o menos, estaba dentro del río, sobre un islote rocoso, vigilando la entrada del puerto.
La diseñó Francisco de Arruda, que había trabajado en las fortalezas portuguesas de Marruecos, y por eso hay quien ve en sus ventanas y cúpulas un aire norteafricano. Era a la vez baluarte y escaparate: tenía cañones a ras de agua para cruzar el fuego con los fuertes de la otra orilla, y una decoración que anunciaba a cualquier barco extranjero que entraba en la capital de un imperio. Con los siglos, el río cambió y la orilla avanzó, y la torre quedó casi pegada a tierra.
Rodea la torre por el lado oeste y busca, bajo una de las garitas, una cabeza de rinoceronte tallada en piedra. Se cree que retrata al rinoceronte que un sultán de la India envió al rey Manuel en 1515, el primero vivo que se veía en Europa desde la Antigüedad, y Lisboa entera fue a verlo. Manuel lo regaló al papa León X, pero el barco naufragó frente a Italia y el animal se ahogó. Durero lo dibujó sin haberlo visto nunca, a partir de una descripción, y su grabado fijó durante siglos la imagen europea del rinoceronte.
La torre tuvo también un lado sombrío. Se cuenta que ya en tiempos de los Felipes sus bodegas, que se inundaban con la marea, sirvieron de calabozo, y en las guerras civiles del siglo XIX allí se encerró a presos políticos. Desde 1983 es Patrimonio de la Humanidad, junto con los Jerónimos, y es el símbolo de Lisboa en mil postales.
Piensa en lo que veían desde aquí los que se marchaban: la torre era lo último de Lisboa que quedaba a la vista. Muchos no volvieron nunca. Camina ahora unos minutos más hacia el oeste, siguiendo el río, hasta un fuerte bajo junto a un monumento con una llama encendida.