Forte do Bom Sucesso: la llama de la guerra colonial

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Junto a un fuerte bajo y macizo de finales del siglo XVIII, el Forte do Bom Sucesso, se alza un monumento de piedra de líneas angulosas sobre un estanque, con una llama encendida. En los muros del fuerte, columnas y columnas de nombres grabados. Es el Monumento a los Combatientes de Ultramar.

Key Facts

PlaceForte do Bom Sucesso: la llama de la guerra colonial
AddressAvenida de Brasília, 1400 Lisboa, Portugal
Geo Coordinates38.69260, -9.21840
Part of WalkBelém y los Descubrimientos: imperio, especias y memoria en Lisboa
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Junto a un fuerte bajo y macizo de finales del siglo XVIII, el Forte do Bom Sucesso, se alza un monumento de piedra de líneas angulosas sobre un estanque, con una llama encendida. En los muros del fuerte, columnas y columnas de nombres grabados. Es el Monumento a los Combatientes de Ultramar.

Son los nombres de los soldados portugueses muertos en la guerra colonial que Portugal libró entre 1961 y 1974 en Angola, Guinea y Mozambique para no soltar su imperio africano, cuando el resto de Europa ya descolonizaba. Fueron trece años de guerra en tres frentes, con cientos de miles de jóvenes enviados a África, muchos contra su voluntad, y miles que huyeron del país para no ir.

Y los nombres que no están aquí son muchos más. Los combatientes y civiles africanos muertos en esos años no se contaron con la misma precisión, pero fueron, con mucho, la mayoría de las víctimas. El monumento, inaugurado en 1994, recuerda a los de un solo lado. Mirarlo con calma es también preguntarse por los del otro.

Esa guerra acabó con la dictadura. Los capitanes que organizaron el golpe del 25 de abril de 1974 venían de ella, hartos de una lucha sin salida, y en menos de dos años Guinea-Bisáu, Cabo Verde, Santo Tomé, Mozambique y Angola eran independientes. Cientos de miles de portugueses, los llamados retornados, volvieron de África a un país que muchos apenas conocían. El imperio africano que empezó con carabelas en esta misma orilla terminó, cinco siglos después, con soldados que volvían por el mismo río.

Y así termina este paseo: empezaste junto a una central de carbón y lo acabas ante una llama. Entre una y otra has visto la gloria de las especias, la línea de Tordesillas, los dorados pagados con oro de Brasil, un zoológico humano y una lista de nombres. Belém es todo eso a la vez, y la mejor manera de honrarlo es no quedarse solo con la postal. Siéntate un momento junto al río, mira hacia la desembocadura del Tajo... y piensa en todos los que salieron por ahí.

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