Museu de Arte Popular: el Portugal que quería ver el Estado Novo

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Este edificio blanco y alargado, de líneas rectas y aire sobrio, junto al paseo del río, no parece gran cosa al lado del Padrão. Pero es uno de los pocos supervivientes de la Exposición del Mundo Portugués de 1940, aquella ciudad efímera de yeso y cartón piedra que la dictadura levantó en Belém.

Key Facts

PlaceMuseu de Arte Popular: el Portugal que quería ver el Estado Novo
AddressAvenida de Brasília, 1400 Lisboa, Portugal
Geo Coordinates38.69370, -9.20830
Part of WalkBelém y los Descubrimientos: imperio, especias y memoria en Lisboa
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Este edificio blanco y alargado, de líneas rectas y aire sobrio, junto al paseo del río, no parece gran cosa al lado del Padrão. Pero es uno de los pocos supervivientes de la Exposición del Mundo Portugués de 1940, aquella ciudad efímera de yeso y cartón piedra que la dictadura levantó en Belém. Hoy es el Museu de Arte Popular.

Tras la exposición, el edificio se adaptó para mostrar el arte del pueblo: cerámicas, tejidos, yugos pintados, trajes de fiesta, aperos, juguetes de madera, organizados región por región. Detrás estaba António Ferro, el gran propagandista del régimen de Salazar, que llamaba a su programa cultural la política del espíritu. Su idea era mostrar un Portugal rural, pobre pero honrado, católico y feliz con su suerte.

Esa es la otra cara del imperio que celebraba esta orilla. Mientras el Padrão miraba hacia el mar, este museo miraba hacia dentro, hacia un campo idealizado donde no había huelgas, ni emigración, ni analfabetismo, aunque Portugal tenía entonces una de las tasas de analfabetismo más altas de Europa occidental. Hacia los años sesenta, cientos de miles de portugueses emigraban a Francia, muchos a pie y sin papeles, cruzando España de noche.

Y sin embargo, conviene no tirar al niño con el agua del baño. Las piezas que se reunieron aquí son auténticas, hechas por manos anónimas de todo el país, y muchas de esas artesanías desaparecieron poco después de los pueblos. La propaganda las enmarcó, pero no las inventó. Si tienes ocasión, fíjate en los murales de la época que decoran sus salas: escenas de faenas, fiestas y romerías pintadas por artistas modernistas.

Así que, entre la proa de piedra y este pabellón discreto, tienes los dos relatos con los que el Estado Novo quiso explicar Portugal: el de los navegantes y el de los campesinos. Sigue ahora hacia el oeste por el paseo, dejando la dársena del Bom Sucesso con sus veleros a tu derecha, hasta encontrar un hidroavión plateado posado sobre un pedestal.

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