Padrão dos Descobrimentos y Rosa dos Ventos: la línea de Tordesillas

Why is it significant?

Una proa de piedra de más de cincuenta metros se adentra en el Tajo como una carabela petrificada, y por sus dos rampas suben, como en procesión, más de treinta figuras: navegantes, reyes, cartógrafos, frailes y un poeta.

Key Facts

PlacePadrão dos Descobrimentos y Rosa dos Ventos: la línea de Tordesillas
AddressAvenida de Brasília, 1400-038 Lisboa, Portugal
Geo Coordinates38.69360, -9.20570
Part of WalkBelém y los Descubrimientos: imperio, especias y memoria en Lisboa
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Una proa de piedra de más de cincuenta metros se adentra en el Tajo como una carabela petrificada, y por sus dos rampas suben, como en procesión, más de treinta figuras: navegantes, reyes, cartógrafos, frailes y un poeta. En la punta, el infante Enrique el Navegante sostiene una carabela entre las manos. Es el Padrão dos Descobrimentos.

Nació en 1940 como estructura efímera para la exposición del Estado Novo, y en 1960 se rehízo en hormigón y piedra para los quinientos años de la muerte del infante. Busca a Vasco da Gama, a Pedro Álvares Cabral, que llegó a Brasil en 1500, a Camões con su libro y a la única mujer, Felipa de Lancaster, madre de Enrique. Y a uno que un español reconoce enseguida: Fernando de Magallanes, portugués de nacimiento, que dirigió la primera vuelta al mundo al servicio de Carlos I, culminada por Juan Sebastián Elcano.

Ahora baja la vista al suelo de la explanada: es la Rosa dos Ventos, una gran rosa de los vientos de mármol con un mapamundi en el centro, regalo de Sudáfrica en 1960. Las carabelas dibujadas marcan las fechas de llegada portuguesas a cada costa. Busca el Atlántico e imagina una línea invisible: en 1494, en Tordesillas, Castilla y Portugal se repartieron el mundo con un meridiano trazado a trescientas setenta leguas al oeste de Cabo Verde. Lo de un lado para Castilla, lo del otro para Portugal. Por eso en Brasil se habla portugués.

Este monumento, sin embargo, cuenta la historia solo desde la proa. No aparece nadie de los pueblos que esas naves encontraron, conquistaron o esclavizaron. Portugal abrió en el siglo XV el tráfico atlántico de esclavos y fue la potencia que más africanos transportó a través del océano: las estimaciones hablan de más de cinco millones de personas, la mayoría hacia Brasil. En la Lisboa del siglo XVI, una parte notable de la población era africana, en gran medida esclavizada, y desde hace años la ciudad proyecta un memorial a esas personas.

Si subes al mirador de lo alto, la rosa de los vientos se ve entera, con todas sus rutas. Luego sigue hacia el oeste por el paseo junto al río, unos pocos minutos, hasta un edificio blanco y alargado, de líneas rectas y aire de los años cuarenta, que mira al río.

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