Pastéis de Belém y el Chão Salgado: azúcar y sal
Why is it significant?
Huele a canela y a hojaldre caliente. Delante de esta fachada de azulejos azules y blancos de la Rua de Belém casi siempre hay cola, y dentro se abre un laberinto de salas donde sirven pastéis de nata recién salidos del horno, con la crema tostada a manchas oscuras.
Key Facts
| Place | Pastéis de Belém y el Chão Salgado: azúcar y sal |
|---|---|
| Address | Rua de Belém 84-92, 1300-085 Lisboa, Portugal |
| Geo Coordinates | 38.69750, -9.20330 |
| Part of Walk | Belém y los Descubrimientos: imperio, especias y memoria en Lisboa |
| Generated | Generated |
Huele a canela y a hojaldre caliente. Delante de esta fachada de azulejos azules y blancos de la Rua de Belém casi siempre hay cola, y dentro se abre un laberinto de salas donde sirven pastéis de nata recién salidos del horno, con la crema tostada a manchas oscuras. Aquí se llaman pastéis de Belém, y no es un capricho de marketing.
La receta nació en el monasterio de los Jerónimos, a unos cientos de metros. Se cuenta que los conventos usaban claras de huevo para almidonar la ropa y les sobraban yemas, y de ahí tantos dulces portugueses de yema y azúcar. En 1834, tras la guerra entre liberales y absolutistas, se cerraron los conventos y se expulsó a las órdenes religiosas. Para sobrevivir, alguien del monasterio empezó a vender los pasteles en una refinería de azúcar vecina, y en 1837 abrió esta casa. Desde entonces la receta se guarda en secreto, en un obrador cerrado que solo conocen unos pocos maestros.
Ahora camina unos pasos hacia el oeste por la misma acera, hasta un callejón: el Beco do Chão Salgado, el callejón del suelo salado. Allí verás un pilar bajo de piedra. Es el rastro del castigo de 1759: tras la ejecución de los acusados del atentado contra José I, Pombal mandó demoler el palacio del duque de Aveiro, que estaba aquí, y sembrar de sal el suelo para que nada volviera a crecer. El pilar lleva una inscripción que maldice su memoria.
Es un contraste brutal: en la misma manzana, la cola alegre de los pasteles y una de las ejecuciones más crueles de la Europa ilustrada. Entre los condenados estaba la anciana marquesa Leonor de Távora, decapitada ante la multitud en un cadalso de Belém. Muchos historiadores creen hoy que Pombal aprovechó el atentado para aplastar a la alta nobleza y, de paso, expulsar a los jesuitas ese mismo año.
Pero que no te quite el apetito: el pastel se come caliente, con canela y azúcar glas por encima, y cualquier lisboeta te dirá que en ningún otro sitio sabe igual. Después, sigue hacia el oeste hasta el Largo dos Jerónimos y entra por la verja de un jardín frondoso, lleno de palmeras y pavos reales, que esconde una historia incómoda.