Mosteiro dos Jerónimos: un monasterio pagado con pimienta

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Más de trescientos metros de piedra caliza dorada se extienden frente a ti, y en el centro el portal sur de la iglesia sube como un retablo de encaje: pináculos, doseles, santos y, en lo alto, la Virgen de Belén. Es el Mosteiro dos Jerónimos, la obra maestra del estilo manuelino.

Key Facts

PlaceMosteiro dos Jerónimos: un monasterio pagado con pimienta
AddressPraça do Império, 1400-206 Lisboa, Portugal
Geo Coordinates38.69780, -9.20660
Part of WalkBelém y los Descubrimientos: imperio, especias y memoria en Lisboa
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Más de trescientos metros de piedra caliza dorada se extienden frente a ti, y en el centro el portal sur de la iglesia sube como un retablo de encaje: pináculos, doseles, santos y, en lo alto, la Virgen de Belén. Es el Mosteiro dos Jerónimos, la obra maestra del estilo manuelino.

El rey Manuel I lo mandó construir a partir de 1501, junto a la playa del Restelo, donde una pequeña ermita había visto rezar a los marineros antes de embarcar. La tradición dice que Vasco da Gama y sus hombres pasaron allí la noche antes de zarpar hacia la India en 1497. El dinero salió de un impuesto sobre el comercio de las especias, la vintena, el cinco por ciento de lo que traían las naves. El monasterio, literalmente, está pagado con pimienta y canela.

Y aquí va un hilo español. El maestro que diseñó este portal y las grandes bóvedas de la iglesia fue João de Castilho, o mejor dicho Juan de Castillo, un cantero nacido en Cantabria. Su bóveda, sostenida por columnas finísimas como palmeras, resistió el terremoto de 1755 mientras media Lisboa se venía abajo. Busca en la piedra cuerdas, nudos marineros, esferas armilares y la cruz de la Orden de Cristo: el mar entero hecho escultura.

Dentro descansan Vasco da Gama y un sepulcro dedicado a Luís de Camões, el poeta de Os Lusíadas, y en el claustro, desde 1985, los restos de Fernando Pessoa. Ese mismo año pasó aquí algo que también es historia de España: el 12 de junio de 1985, en este claustro, Portugal firmó su adhesión a la Comunidad Europea, el mismo día en que España lo hacía en Madrid. Dos vecinos que se habían dado la espalda durante siglos entraban juntos en Europa.

Pero no olvides de dónde salió la riqueza que levantó estas piedras: de rutas abiertas a cañonazos, de fortalezas en costas ajenas y, cada vez más, del tráfico de africanos esclavizados. Cruza ahora el jardín geométrico de la Praça do Império, trazado por la dictadura para la exposición de 1940, y baja por el paso subterráneo hacia el río: te espera una enorme proa de piedra blanca.

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