Arco da Rua Augusta: la puerta de la ciudad nueva
Why is it significant?
Ponte justo debajo de la bóveda del arco, donde la plaza termina y empieza la ciudad. Hacia el norte, la Rua Augusta corre recta como una flecha hasta perderse en el Rossio.
Key Facts
| Place | Arco da Rua Augusta: la puerta de la ciudad nueva |
|---|---|
| Address | Rua Augusta 2, 1100-053 Lisboa, Portugal |
| Geo Coordinates | 38.70850, -9.13690 |
| Part of Walk | Lisboa renacida: la Baixa Pombalina y el terremoto de 1755 |
| Generated | Generated |
Ponte justo debajo de la bóveda del arco, donde la plaza termina y empieza la ciudad. Hacia el norte, la Rua Augusta corre recta como una flecha hasta perderse en el Rossio. Sal un momento hacia el lado de la plaza y mira arriba: en lo más alto, una mujer coronada sostiene dos coronas sobre otras dos figuras. Es la Gloria premiando al Valor y al Genio.
Este arco tardó casi un siglo en llegar. Pombal lo imaginó como remate de su plaza, pero lo que se empezó en el siglo XVIII quedó a medias, y el monumento que ves no se terminó hasta 1873, en tiempos del rey Luis I. Las esculturas de lo alto son del francés Célestin Anatole Calmels. Más abajo, cuatro portugueses de piedra: Viriato, el pastor lusitano que se rebeló contra Roma; Nuno Álvares Pereira, el condestable que venció a Castilla; Vasco da Gama; y el propio marqués de Pombal.
Para un oído español la lista tiene su gracia: un héroe contra Roma, otro contra Castilla... El arco es una lección de historia escrita para recordar quién manda en casa. La inscripción latina lo dice sin rodeos: a las virtudes de los mayores, para que sirva de enseñanza a todos.
Ahora vuélvete hacia la Rua Augusta. Lo que tienes delante fue uno de los primeros grandes ejercicios de urbanismo racional de Europa. Los ingenieros militares Manuel da Maia, Eugénio dos Santos y Carlos Mardel trazaron sobre los escombros una cuadrícula de calles rectas, con anchos fijos, aceras, alcantarillado y fachadas iguales, todas de la misma altura. Y cada calle recibió su gremio: la Rua do Ouro para los orfebres del oro, la Rua da Prata para los plateros, la de los Correeiros para los guarnicioneros. Los nombres siguen ahí, aunque hoy veas más tiendas de recuerdos que talleres.
Los lisboetas de entonces no siempre aplaudieron. Muchos echaban de menos las iglesias, los rincones, el desorden vivo de antes, y la ciudad nueva les parecía un cuartel. Hoy es Lisboa en estado puro, prueba de que los lugares también se ganan el cariño con el tiempo. Sube unas tres manzanas por la Rua Augusta y gira a la derecha hacia la paralela Rua dos Correeiros: allí, una puerta discreta esconde un secreto bajo el suelo.