Ponte alle Grazie: el puente de las ermitañas

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Apóyate en el pretil, en mitad del puente, y mira río arriba y río abajo. A un lado, el Ponte Vecchio con sus tiendas colgadas sobre el agua. Enfrente, al sur, una colina verde con cipreses, una iglesia blanca y verde en lo alto y un muro de piedra que sube por la ladera.

Key Facts

PlacePonte alle Grazie: el puente de las ermitañas
AddressPonte alle Grazie, 50122 Firenze FI, Italy
Geo Coordinates43.76680, 11.25900
Part of WalkFlorencia verde: del Giardino Bardini a San Miniato y el Piazzale Michelangelo
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Apóyate en el pretil, en mitad del puente, y mira río arriba y río abajo. A un lado, el Ponte Vecchio con sus tiendas colgadas sobre el agua. Enfrente, al sur, una colina verde con cipreses, una iglesia blanca y verde en lo alto y un muro de piedra que sube por la ladera. Ese es nuestro paseo: vamos a subir allí.

Este puente nació en 1237, cuando el podestà Rubaconte da Mandello mandó echar sobre el Arno un puente de piedra que durante siglos llevó su nombre. Era largo y sólido, y en la gran riada de 1333, que se llevó por delante los demás puentes de la ciudad, fue el que resistió. Sobre sus pilas fueron creciendo casitas, tiendas y capillas. En una de ellas se veneraba una imagen de la Virgen de las Gracias, y de ahí su nombre actual.

Y en algunas de esas celdas sobre el agua vivían mujeres ermitañas, encerradas por voluntad propia, que rezaban y recibían limosnas por una ventanita. Cuenta la tradición que de una de aquellas comunidades nació el convento de las Murate, las emparedadas, que más tarde se trasladó a la otra orilla. Imagina el puente lleno de rezos por encima, y de barcas y pescadores por debajo.

Las casitas se derribaron en el siglo diecinueve para ensanchar el paso. Y en la noche del 3 al 4 de agosto de 1944, las tropas alemanas en retirada volaron este puente, como todos los de Florencia salvo el Ponte Vecchio, cuyas entradas bloquearon derribando las casas de ambos extremos. Lo que pisas es el puente de posguerra, inaugurado en los años cincuenta, sencillo y bajo, pensado para no competir con el paisaje.

Y el paisaje es el verdadero protagonista. El Arno parece tranquilo, pero en noviembre de 1966 se desbordó y llenó de barro media ciudad. Hoy las garzas pescan en los azudes, y las colinas de enfrente siguen casi como las pintaban en el Renacimiento. Termina de cruzar hacia la orilla sur: en la placita de los Mozzi, justo al final del puente, te espera la casa de un anticuario genial y un poco loco.

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