Borgo San Frediano y San Frediano in Cestello

Why is it significant?

Delante tienes una iglesia que parece haberse olvidado de vestirse: una cúpula elegante y, debajo, una fachada de ladrillo desnudo, con los huecos de la obra todavía a la vista.

Key Facts

PlaceBorgo San Frediano y San Frediano in Cestello
AddressPiazza di Cestello 4, 50124 Firenze FI, Italy
Geo Coordinates43.77000, 11.24400
Part of WalkEl Oltrarno secreto de Florencia: de San Frediano al Palazzo Pitti y Bóboli
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Delante tienes una iglesia que parece haberse olvidado de vestirse: una cúpula elegante y, debajo, una fachada de ladrillo desnudo, con los huecos de la obra todavía a la vista. Es San Frediano in Cestello, reconstruida a finales del siglo diecisiete, y como tantas iglesias de Florencia, se quedó esperando un revestimiento de mármol que nunca llegó.

El nombre esconde dos viajes. Frediano era un monje irlandés que llegó a ser obispo de Lucca en el siglo sexto, y a él se dedicó la puerta y el barrio. Cestello viene del Císter, la orden de monjes que tuvo aquí su convento. Un santo de Irlanda y unos monjes de Borgoña dando nombre a una esquina toscana.

Detrás de la iglesia empieza el Borgo San Frediano, y con él el barrio más popular de la vieja Florencia. Aquí vivían los tejedores, los tintoreros, los curtidores, la gente que hacía funcionar la industria de la lana que enriquecía a los banqueros del otro lado del río. Los sanfredianini tenían fama de orgullosos, de lengua afilada y de no dejarse mandar. En 1949 Vasco Pratolini publicó la novela Le ragazze di San Frediano, las muchachas de San Frediano, y el barrio pasó a la literatura con su carácter intacto.

Este barrio bajo y cercano al río sufrió como pocos la inundación del 4 de noviembre de 1966, cuando el Arno se desbordó y llenó de agua y barro los talleres y las casas. Los vecinos lo perdieron casi todo, y llegaron jóvenes de toda Italia y de medio mundo a sacar libros y obras de arte del lodo. Los florentinos los llamaron los ángeles del barro.

Hoy San Frediano mezcla carpinteros, enmarcadores y restauradores con bares de vinos y jóvenes que vienen por la noche. Pero basta asomarse a cualquier taller para oír todavía el acento cerrado y la ironía de los de siempre. Ahora toma el Borgo San Frediano y síguelo hacia el oeste, entre talleres y tiendas de barrio, hasta que la calle choque con una puerta gigantesca.

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