Santa Maria del Carmine y la Capilla Brancacci
Why is it significant?
Atraviesa la amplia plaza, hoy medio aparcamiento, hacia esa fachada de piedra tosca sin adorno alguno. Nadie diría que detrás se esconde una de las capillas más importantes de la historia del arte. Así es el Oltrarno: lo mejor siempre detrás de una pared sencilla.
Key Facts
| Place | Santa Maria del Carmine y la Capilla Brancacci |
|---|---|
| Address | Piazza del Carmine 14, 50124 Firenze FI, Italy |
| Geo Coordinates | 43.76800, 11.24390 |
| Part of Walk | El Oltrarno secreto de Florencia: de San Frediano al Palazzo Pitti y Bóboli |
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Atraviesa la amplia plaza, hoy medio aparcamiento, hacia esa fachada de piedra tosca sin adorno alguno. Nadie diría que detrás se esconde una de las capillas más importantes de la historia del arte. Así es el Oltrarno: lo mejor siempre detrás de una pared sencilla.
Hacia 1424 el mercader Felice Brancacci encargó decorar la capilla de su familia a dos pintores: el veterano Masolino y un joven de veintitantos años llamado Masaccio. Masaccio pintó como nadie lo había hecho: cuerpos con peso, luz que viene de una ventana real, rostros de gente de la calle. Mira su Adán y Eva expulsados del Paraíso. Eva grita, con la boca abierta, y Adán se tapa la cara de vergüenza. Son seis siglos, y todavía duele mirarlos.
Pero la historia se torció. Masaccio se fue a Roma y murió allí con unos veintisiete años. Y en la década de 1430 Brancacci, enemigo de los Médici, fue desterrado, así que la capilla quedó a medias durante medio siglo. La terminó Filippino Lippi en la década de 1480, imitando el estilo de Masaccio con tanto respeto que todavía hoy cuesta ver dónde empieza uno y acaba el otro.
Generaciones de artistas vinieron aquí a copiar estas figuras. Entre ellos, un adolescente llamado Miguel Ángel. Según contó años después el escultor Pietro Torrigiano, Miguel Ángel se burlaba de los dibujos de los demás, y él, harto, le dio un puñetazo que le aplastó la nariz. Lo relata Benvenuto Cellini en su autobiografía. Si miras los retratos de Miguel Ángel, verás esa nariz rota para siempre.
En 1771 un incendio devastó casi toda la iglesia, pero la capilla se salvó. Y en la restauración de los años ochenta se retiraron las hojas de parra que el pudor del siglo diecisiete había añadido a Adán y Eva, y los colores volvieron a brillar. Ahora sal de la plaza por Via Santa Monaca y sigue hacia el este, por calles estrechas, hasta la plaza más viva del barrio.