Heriot Row: la casa de Robert Louis Stevenson

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Camina despacio por Heriot Row y detente frente al número 17. A tu derecha, tras las rejas, se extienden los jardines privados de Queen Street; a tu izquierda, una puerta georgiana como tantas, con una placa. Aquí creció Robert Louis Stevenson, el autor de La isla del tesoro.

Key Facts

PlaceHeriot Row: la casa de Robert Louis Stevenson
Address17 Heriot Row, Edinburgh EH3 6HP, UK
Geo Coordinates55.95560, -3.20130
Part of WalkEdimburgo georgiana: la New Town y el Calton Hill
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Camina despacio por Heriot Row y detente frente al número 17. A tu derecha, tras las rejas, se extienden los jardines privados de Queen Street; a tu izquierda, una puerta georgiana como tantas, con una placa. Aquí creció Robert Louis Stevenson, el autor de La isla del tesoro.

La familia se mudó a esta casa en 1857, cuando Louis tenía unos seis años. Era un niño enfermizo que pasaba inviernos enteros en la cama, tosiendo y con fiebre, cuidado por su niñera, Alison Cunningham, a la que llamaba Cummy, que le contaba historias de mártires covenanters y de aparecidos hasta quitarle el sueño. Desde la ventana veía pasar cada tarde al farolero que encendía las farolas de gas, y años después le dedicó un poema, The Lamplighter, en el que el niño sueña con acompañarle en su ronda.

Se dice que el estanque del jardín de enfrente fue una de las semillas de La isla del tesoro. Nadie puede probarlo, pero es fácil imaginar a un niño mirándolo durante horas desde la ventana. Lo que sí se cuenta en casa de los Stevenson es que en su habitación había un armario hecho por William Brodie, el famoso Deacon Brodie: respetable ebanista de día, ladrón de noche, ahorcado en 1788. Stevenson creció con esa doble vida en la cabeza, y en 1886 publicó El extraño caso del doctor Jekyll y míster Hyde.

La calle misma es una lección de urbanismo. Se construyó a principios del siglo XIX y lleva el nombre de George Heriot, el joyero del rey Jacobo VI, porque estos terrenos pertenecían a la escuela benéfica que se fundó con su fortuna. Lo genial es que solo tiene casas de un lado. Enfrente, el jardín, de modo que todas las fachadas miran a los árboles, como si cada vecino tuviera un parque propio.

Stevenson vivió aquí más de veinte años, pero acabó muy lejos: murió en 1894 en Samoa, en mitad del Pacífico, buscando un clima que no le destrozara los pulmones. Sigue por Heriot Row y, en el primer cruce grande, gira a la derecha. Ojo, que ahora toca subir: unos trescientos metros cuesta arriba hasta George Street.

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