Moray Place: el anfiteatro de piedra

Why is it significant?

Mira a tu alrededor: estás dentro de un polígono de doce lados, una especie de anfiteatro de piedra con columnas gigantes y fachadas tan solemnes que parecen ministerios. Es Moray Place, y aquí la ciudad nueva dejó de ser elegante para volverse monumental.

Key Facts

PlaceMoray Place: el anfiteatro de piedra
AddressMoray Place, Edinburgh EH3 6DS, UK
Geo Coordinates55.95470, -3.20860
Part of WalkEdimburgo georgiana: la New Town y el Calton Hill
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Mira a tu alrededor: estás dentro de un polígono de doce lados, una especie de anfiteatro de piedra con columnas gigantes y fachadas tan solemnes que parecen ministerios. Es Moray Place, y aquí la ciudad nueva dejó de ser elegante para volverse monumental.

Cuando la primera New Town se llenó, Edimburgo siguió creciendo hacia el norte, y estos terrenos pertenecían al conde de Moray. A partir de 1822 los urbanizó con un plan del arquitecto James Gillespie Graham: una media luna, Randolph Crescent; un óvalo, Ainslie Place; y este gran polígono. Fíjate en cómo encajan: en un mapa parecen tres eslabones de una misma cadena.

El conde era exigentísimo. Las condiciones de venta fijaban cómo debía ser cada fachada hasta el último detalle, y quien compraba un solar tenía que construir exactamente lo que estaba dibujado. Nada de caprichos. Por detrás de las casas del lado norte, el terreno cae en picado hacia el río Water of Leith, y allí se reservaron unos jardines privados en terrazas de los que solo los vecinos tienen llave. Aún hoy es así.

Detrás de estas puertas vivió buena parte de la élite intelectual de la Edimburgo del siglo XIX. Uno de sus vecinos más ilustres fue Francis Jeffrey, abogado, juez y fundador de la Edinburgh Review, la revista que durante décadas decidió en Gran Bretaña qué libro valía la pena y cuál no. Una crítica publicada en ella ofendió tanto al joven Lord Byron que el poeta contestó con una sátira entera, Bardos ingleses y críticos escoceses. Imagina las veladas en esos salones, con la ciudad entera pendiente de quién había destrozado a quién en el último número.

Hay algo casi teatral en Moray Place: no tiene tiendas ni bares, y apenas pasa nadie. Es una ciudad hecha para ser contemplada. Sal por el lado este, por Darnaway Street, y sigue de frente: entrarás en Heriot Row, una larga hilera de casas frente a un jardín. Busca el número 17, a unos cuatrocientos cincuenta metros.

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