Palau de la Música Catalana
Why is it significant?
Estás ante una esquina que parece un estallido: columnas cubiertas de mosaico de flores, bustos de músicos, ladrillo rojo, cerámica de colores y, en el chaflán, un grupo de figuras de piedra que brota de la fachada como una ola. Es el Palau de la Música Catalana, de Lluís Domènech i Montaner.
Key Facts
| Place | Palau de la Música Catalana |
|---|---|
| Address | Carrer del Palau de la Música 4-6, 08003 Barcelona, Spain |
| Geo Coordinates | 41.38760, 2.17520 |
| Part of Walk | Picasso en Barcelona: el Born, la Ribera y Santa Maria del Mar |
| Generated | Generated |
Estás ante una esquina que parece un estallido: columnas cubiertas de mosaico de flores, bustos de músicos, ladrillo rojo, cerámica de colores y, en el chaflán, un grupo de figuras de piedra que brota de la fachada como una ola. Es el Palau de la Música Catalana, de Lluís Domènech i Montaner.
Se construyó entre 1905 y 1908 para el Orfeó Català, un coro nacido al calor de la Renaixença, el movimiento que reivindicaba la lengua y la cultura catalanas. La escultura de la esquina, de Miquel Blay, se titula La cançó popular catalana: una muchacha en el centro, rodeada de pescadores, campesinos, ancianos y niños, con san Jorge velando por todos desde arriba. Es un manifiesto tallado en piedra.
Dentro es todavía más increíble. La sala de conciertos se ilumina de día con luz natural, y del techo cuelga una enorme claraboya de vidrio de colores, un sol invertido de tonos dorados y azules que parece derramarse sobre el público. En el escenario, dieciocho musas emergen de la pared, con el busto en relieve y el resto del cuerpo en mosaico, tocando instrumentos. Se suele decir que es la única sala de conciertos de Europa que, de día, se ilumina solo con luz natural.
En 1997, la UNESCO lo declaró Patrimonio de la Humanidad, junto al Hospital de Sant Pau del mismo arquitecto. Pero hubo un tiempo, a mediados del siglo XX, en que el modernismo se consideraba recargado y pasado de moda, y muchos edificios de esa época se perdieron o se mutilaron. Este sobrevivió, y hoy es difícil imaginar Barcelona sin él.
Antes de irte, levanta la vista hacia los bustos de la fachada principal: Palestrina, Bach, Beethoven y Wagner, vigilando la calle como si esperaran su turno para salir al escenario. Ahora baja por Carrer de Sant Pere Més Alt y luego hacia el sur, entre callejuelas del barrio de Sant Pere, hasta un mercado con un tejado ondulado de mil colores.