El friso de Picasso en la Plaça Nova

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Gira la cabeza hacia el edificio moderno de vidrio y hormigón que cierra la plaza, frente a las torres romanas, y mira la franja clara que recorre su fachada. Son dibujos de líneas sencillas, como hechos con tiza sobre una pizarra: figuras que bailan, gigantes de fiesta, niños con ramas.

Key Facts

PlaceEl friso de Picasso en la Plaça Nova
AddressPlaça Nova 5, 08002 Barcelona, Spain
Geo Coordinates41.38450, 2.17500
Part of WalkPicasso en Barcelona: el Born, la Ribera y Santa Maria del Mar
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Gira la cabeza hacia el edificio moderno de vidrio y hormigón que cierra la plaza, frente a las torres romanas, y mira la franja clara que recorre su fachada. Son dibujos de líneas sencillas, como hechos con tiza sobre una pizarra: figuras que bailan, gigantes de fiesta, niños con ramas. Son de Picasso.

El edificio es la sede del Col·legi d'Arquitectes de Catalunya, terminado a principios de los años sesenta. Sus arquitectos quisieron una obra de Picasso para la fachada, y él aceptó. Dibujó los frisos en Francia, y el artista noruego Carl Nesjar los grabó en el hormigón con chorro de arena, siguiendo sus trazos línea por línea. La obra quedó terminada en 1962, cuando Picasso rozaba los ochenta años. La técnica le fascinó: la línea no se pinta, se excava en el muro, y por eso no la borran ni la lluvia ni el sol de sesenta veranos.

Hay un detalle que lo cambia todo: Picasso nunca los vio en persona. Desde la Guerra Civil vivía en Francia y había decidido no volver a España mientras gobernara Franco. Murió en 1973, dos años antes que el dictador, sin haber regresado. Así que estos dibujos son, en cierto modo, una carta enviada a una ciudad a la que su autor ya no volvería.

Y fíjate en lo que eligió dibujar. No toros, ni mujeres que lloran, ni guerra. Escenas de fiesta en la calle, gigantes, niños, una celebración popular, como las que él mismo había visto de joven en estas plazas. Es el recuerdo de la Barcelona que conoció entre los trece y los veintidós años, devuelto a la ciudad en forma de línea.

Muchos barceloneses pasan por delante cada día sin levantar la vista, y muchos visitantes lo confunden con un grafiti elegante. Ahora camina unos pasos por la Avinguda del Portal de l'Àngel y gira a la derecha por Carrer de Montsió, una calle pequeña donde un café guarda una historia enorme.

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