Santa Mònica: el último tramo de La Rambla

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Ya se nota el olor del mar. Estás en la Rambla de Santa Mònica, el último tramo del paseo, más ancho y más tranquilo que los demás, con pintores y retratistas instalados bajo los plátanos. A tu derecha, un edificio de piedra con una fachada moderna y una rampa: el Centre d'Arts Santa Mònica.

Key Facts

PlaceSanta Mònica: el último tramo de La Rambla
AddressLa Rambla 7, 08002 Barcelona, Spain
Geo Coordinates41.37720, 2.17570
Part of WalkLa Rambla y el Raval de Barcelona: conventos perdidos, ópera en llamas y el gato de Botero
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Ya se nota el olor del mar. Estás en la Rambla de Santa Mònica, el último tramo del paseo, más ancho y más tranquilo que los demás, con pintores y retratistas instalados bajo los plátanos. A tu derecha, un edificio de piedra con una fachada moderna y una rampa: el Centre d'Arts Santa Mònica.

Por dentro esconde un antiguo convento de agustinos del siglo XVII, de muros gruesos. Se le suele considerar uno de los edificios más antiguos de toda La Rambla, porque casi todos los demás conventos que daban nombre a los tramos acabaron derribados o quemados. Recapitulemos: el Estudi General desapareció, el convento de Sant Josep ardió y se convirtió en mercado, el de los capuchinos dio paso a una plaza. Santa Mònica es el único superviviente de la familia.

No fue un destino casual. A lo largo del siglo XIX, con las revueltas contra las órdenes religiosas y la desamortización, la mayoría de los conventos de Barcelona cambiaron de manos. Este tuvo usos muy distintos a lo largo de los años, hasta que a finales de los años ochenta se rehabilitó como espacio de arte contemporáneo, en la misma ola que traería el MACBA al Raval.

Y este tramo tuvo su propia época dorada. Detrás de esas fachadas empezaba el Barri Xino portuario, con sus cabarets y music halls, y por la noche marineros, artistas y escritores bajaban hasta aquí. Hoy sobreviven retratistas y caricaturistas que te dibujan en diez minutos, y un museo de cera a un lado del paseo. La noche de este tramo sigue siendo más canalla que la de Canaletes, aunque mucho menos que hace un siglo.

Mira ahora al final del paseo: una columna altísima con un hombre de bronce que señala hacia el mar. Es el Mirador de Colom, levantado para la Exposición de 1888. Dicen que no señala hacia América, sino más bien hacia el Mediterráneo... pero eso ya es otra historia. Gira a la derecha antes de llegar a la columna: los muros de piedra larguísimos que ves son nuestro último destino.

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