Plaça Reial: palmeras y las farolas del joven Gaudí

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Camina hasta el centro de la plaza, entre las palmeras, y gira despacio sobre ti mismo: arcos color crema a tu alrededor, balcones idénticos, una fuente con tres figuras femeninas y, a sus lados, dos farolas negras de seis brazos coronadas por un casco con alas.

Key Facts

PlacePlaça Reial: palmeras y las farolas del joven Gaudí
AddressPlaça Reial, 08002 Barcelona, Spain
Geo Coordinates41.38010, 2.17530
Part of WalkBarcelona bajo tus pies: el Barrio Gótico, el Call y dos mil años de Barcino
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Camina hasta el centro de la plaza, entre las palmeras, y gira despacio sobre ti mismo: arcos color crema a tu alrededor, balcones idénticos, una fuente con tres figuras femeninas y, a sus lados, dos farolas negras de seis brazos coronadas por un casco con alas. Es la plaza más elegante y, de noche, más ruidosa del Gótico.

Lo primero que sorprende es que aquí no hay nada medieval. Antes había un convento de capuchinos. En 1835, en una oleada de revueltas anticlericales, ardieron varios conventos de Barcelona, y poco después el Estado expropió los bienes de las órdenes religiosas. El solar quedó libre, y el arquitecto Francesc Daniel Molina proyectó una plaza al estilo de las grandes plazas porticadas europeas, que se construyó a mediados del siglo XIX.

Y ahora, las farolas. En 1878, un arquitecto recién titulado, de unos veinticinco años, recibió su primer encargo público del Ayuntamiento: diseñar farolas para las plazas de la ciudad. Se llamaba Antoni Gaudí. Mira el remate: el casco alado y las serpientes enroscadas son símbolos de Mercurio, el dios del comercio, un guiño a una Barcelona que vivía de comprar y vender.

Cuentan que el encargo no le salió bien en lo económico: discutió con el Ayuntamiento por los honorarios, y aquellas farolas fueron prácticamente lo único que hizo para la ciudad. Sea como sea, desde aquí Gaudí dio el salto, y pocos años después estaba construyendo casas y palacios para las familias más ricas de Barcelona. Muchos pasan junto a estas farolas sin saber que están ante su primera obra pública.

De día la plaza es un salón de terrazas; durante décadas, los domingos por la mañana, sus soportales han acogido un mercado de sellos y monedas; de noche se convierte en un hervidero de música y gente joven. Ahora sal por el lado norte, vuelve a Carrer de Ferran y síguela hacia arriba, en una cuesta suave, hasta que se abra una gran plaza con dos palacios mirándose cara a cara.

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