Drassanes Reials: las atarazanas donde nacían las galeras
Why is it significant?
Rodea los muros de piedra hasta la entrada y asómate al interior: naves enormes, una detrás de otra, cubiertas por arcos de piedra que se repiten como las costillas de un animal gigantesco. Parece una catedral sin altar.
Key Facts
| Place | Drassanes Reials: las atarazanas donde nacían las galeras |
|---|---|
| Address | Avinguda de les Drassanes s/n, 08001 Barcelona, Spain |
| Geo Coordinates | 41.37540, 2.17620 |
| Part of Walk | La Rambla y el Raval de Barcelona: conventos perdidos, ópera en llamas y el gato de Botero |
| Generated | Generated |
Rodea los muros de piedra hasta la entrada y asómate al interior: naves enormes, una detrás de otra, cubiertas por arcos de piedra que se repiten como las costillas de un animal gigantesco. Parece una catedral sin altar. Y en cierto modo lo fue: el templo donde la Corona de Aragón construía su poder sobre el mar.
Son las Drassanes Reials, las atarazanas reales. Su construcción comenzó a finales del siglo XIII, en tiempos de Pere el Gran, y se amplió en el siglo XIV. Aquí se construían y se reparaban las galeras que llevaban las barras rojas y amarillas hasta Sicilia, Cerdeña, Nápoles y Grecia. Cuando ves un mapa del Mediterráneo medieval con la bandera catalana por todas partes, buena parte de esa historia se fabricaba entre estos muros.
Es uno de los astilleros medievales mejor conservados del mundo. Las naves eran tan altas y tan largas para que una galera completa pudiera construirse bajo techo, protegida de la lluvia, y luego salir directamente al agua, que en aquella época llegaba casi hasta aquí. Hoy el edificio alberga el Museu Marítim de Barcelona.
Dentro, la estrella es una galera de tamaño real: la réplica de la Galera Real de don Juan de Austria, la nave capitana de la batalla de Lepanto, en 1571. Según la tradición, la original salió de estas mismas atarazanas. La réplica se construyó en 1971, para el cuarto centenario de la batalla. Imagina a los remeros encadenados en esos bancos, varios por remo, y el ruido de los tambores marcando el ritmo.
Has caminado desde una fuente en lo alto de una riera hasta la orilla del mar, pasando por una universidad desaparecida, un hospital gótico, un mercado sobre un convento quemado y una ópera que renació de las cenizas. Detrás de ti, el Raval sigue cambiando, como ha hecho siempre. Y delante, al otro lado de la avenida, empieza el puerto. Si bebiste en Canaletes... ya sabes que volverás.