Pla de l'Os y el Liceu: un Miró bajo los pies y una ópera dos veces en llamas

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Mira al suelo, en mitad del paseo: un círculo de baldosas con rojos, azules, amarillos y unas formas negras que parecen pájaros o estrellas. Miles de personas lo pisan cada día sin darse cuenta de que caminan sobre un Joan Miró.

Key Facts

PlacePla de l'Os y el Liceu: un Miró bajo los pies y una ópera dos veces en llamas
AddressLa Rambla 51-59, 08002 Barcelona, Spain
Geo Coordinates41.38070, 2.17340
Part of WalkLa Rambla y el Raval de Barcelona: conventos perdidos, ópera en llamas y el gato de Botero
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Mira al suelo, en mitad del paseo: un círculo de baldosas con rojos, azules, amarillos y unas formas negras que parecen pájaros o estrellas. Miles de personas lo pisan cada día sin darse cuenta de que caminan sobre un Joan Miró. El artista diseñó este mosaico en 1976 para el Pla de l'Os, como una alfombra de bienvenida para quien subía desde el puerto. Miró había nacido a pocos metros de aquí, en el Passatge del Crèdit, en 1893.

Ahora levanta la vista hacia la fachada sobria que tienes al lado. Parece un edificio cualquiera, y es el Gran Teatre del Liceu, una de las grandes casas de ópera de Europa. Abrió en 1847 y, a diferencia de muchos teatros europeos, no lo pagó un rey: lo financiaron accionistas, familias burguesas que compraban su palco como quien compra una casa. La ópera era el escaparate social de la Barcelona industrial.

Por eso fue también un blanco. El 7 de noviembre de 1893, durante una representación de Guillermo Tell de Rossini, un anarquista llamado Santiago Salvador lanzó dos bombas desde el piso alto hacia la platea. Solo una explotó, y mató a unas veinte personas. Aquel atentado marcó a toda una generación, y la ciudad tardó años en volver a sentarse tranquila en esas butacas.

Y el teatro ardió dos veces. La primera en 1861, poco después de abrir. La segunda, el 31 de enero de 1994: durante unas obras, una chispa prendió el telón y en pocas horas la sala entera desapareció. Barcelona entera salió a la calle a mirar el humo. La reconstrucción, con el mismo aspecto dorado y rojo de siempre, pero con tecnología moderna detrás, se inauguró en 1999.

Este tramo se llama Rambla dels Caputxins, por otro convento desaparecido, el de los capuchinos, que estaba al otro lado del paseo. Ahora cruza el paseo hacia el lado del Raval y entra en Carrer Nou de la Rambla: a pocos metros te espera la casa más oscura y misteriosa de Gaudí.

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