Torre de Calatrava y la Anella Olímpica
Why is it significant?
Levanta la vista: una aguja blanca de más de cien metros se inclina hacia el cielo, apoyada en una base curva, como un brazo que sostiene algo en alto. Es la torre de comunicaciones de Montjuïc, obra del arquitecto valenciano Santiago Calatrava, y desde 1992 forma parte del perfil de la ciudad.
Key Facts
| Place | Torre de Calatrava y la Anella Olímpica |
|---|---|
| Address | Carrer de Pierre de Coubertin, 08038 Barcelona, Spain |
| Geo Coordinates | 41.36430, 2.15060 |
| Part of Walk | Montjuïc, la montaña escaparate de Barcelona: de la Exposición de 1929 a los Juegos de 1992 |
| Generated | Generated |
Levanta la vista: una aguja blanca de más de cien metros se inclina hacia el cielo, apoyada en una base curva, como un brazo que sostiene algo en alto. Es la torre de comunicaciones de Montjuïc, obra del arquitecto valenciano Santiago Calatrava, y desde 1992 forma parte del perfil de la ciudad.
Se construyó para una tarea muy concreta: transmitir por televisión los Juegos Olímpicos de 1992 a todo el planeta. Mide unos ciento treinta y seis metros. Mucha gente ve en ella la silueta de un atleta que levanta la antorcha, y otros, la de una figura arrodillada que ofrece algo. Se dice también que su inclinación no es casual y que, sobre la plaza, funciona como un gigantesco reloj de sol. Si te quedas un rato, puedes comprobarlo tú mismo con la sombra.
Todo lo que te rodea es la Anella Olímpica, el anillo olímpico: una gran explanada con estanques que une el estadio, las piscinas, la universidad del deporte y el gran pabellón cubierto. En el verano de 1992, por aquí pasaron miles de atletas y millones de miradas. Barcelona usó los Juegos para transformarse entera: abrió la ciudad al mar, construyó rondas y recuperó barrios.
Mira el pabellón de cubierta ondulada y gris: es el Palau Sant Jordi, del japonés Arata Isozaki, el mismo de la entrada del CaixaForum. Su enorme techo no se construyó arriba, sino en el suelo. Una vez terminado, lo elevaron poco a poco con gatos hidráulicos hasta su posición definitiva. Imagina la escena: una cubierta del tamaño de varios campos de fútbol subiendo centímetro a centímetro.
Hoy, el Palau Sant Jordi es una de las grandes salas de conciertos de la ciudad, y la explanada se llena de corredores y patinadores al atardecer. Ahora cruza la explanada hasta el gran edificio de piedra con columnas del otro extremo: es el estadio, y su historia es mucho más larga y más triste que la de la torre.