Poble Espanyol: un país entero en una montaña
Why is it significant?
Ahí la tienes: una muralla de piedra con dos torreones macizos y una puerta en arco, igual que la de una ciudad castellana. No te has equivocado de comunidad autónoma. Es la entrada al Poble Espanyol, y está inspirada en la puerta de San Vicente de las murallas de Ávila.
Key Facts
| Place | Poble Espanyol: un país entero en una montaña |
|---|---|
| Address | Avinguda de Francesc Ferrer i Guàrdia 13, 08038 Barcelona, Spain |
| Geo Coordinates | 41.36940, 2.14700 |
| Part of Walk | Montjuïc, la montaña escaparate de Barcelona: de la Exposición de 1929 a los Juegos de 1992 |
| Generated | Generated |
Ahí la tienes: una muralla de piedra con dos torreones macizos y una puerta en arco, igual que la de una ciudad castellana. No te has equivocado de comunidad autónoma. Es la entrada al Poble Espanyol, y está inspirada en la puerta de San Vicente de las murallas de Ávila.
La idea, para la Exposición de 1929, era reunir en un solo recinto la arquitectura de toda España: un pueblo hecho de trocitos de otros pueblos. Lo proyectaron los arquitectos Francesc Folguera y Ramon Reventós, el de las torres venecianas, junto con el pintor Xavier Nogués y el crítico de arte Miquel Utrillo. Antes de dibujar una sola línea, recorrieron España durante meses, haciendo miles de fotografías de plazas, casas, iglesias y calles.
El resultado es un pueblo con más de cien edificios a escala real: una plaza mayor castellana, casas andaluzas encaladas, una calle aragonesa, un rincón gallego, arcos vascos. Pasear dentro es un poco como hacer un viaje en tren por la península, pero sin salir de una colina de Barcelona. Y todo está tan bien hecho que muchas fachadas parecen tener siglos.
Lo curioso es que no estaba pensado para durar. Como casi todo en las exposiciones, era provisional y debía derribarse al terminar. Pero tuvo tanto éxito que se quedó. Durante décadas sobrevivió como atracción turística, y hoy alberga talleres de artesanos, espacios de arte y fiestas. Lo falso, con el tiempo, se ha vuelto auténtico a su manera: casi cien años de historia propia tiene ya este pueblo de mentira.
Hay algo muy barcelonés en esto: construir un pueblo de cartón piedra y acabar cogiéndole cariño. Ahora vuelve hacia la avenida y sube por las escaleras mecánicas y las escalinatas hacia el gran palacio de la cúpula. Arriba guardan algo que viajó desde los Pirineos pegado a una tela.