Jardins de Mossèn Cinto Verdaguer: la montaña de piedra

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Baja el ritmo y deja que el jardín te rodee: estanques con plantas acuáticas, terrazas de flores, bancales que bajan por la ladera, y arriba, las cabinas del teleférico que pasan en silencio hacia el castillo.

Key Facts

PlaceJardins de Mossèn Cinto Verdaguer: la montaña de piedra
AddressPlaça de Dante, 08038 Barcelona, Spain
Geo Coordinates41.36770, 2.16420
Part of WalkMontjuïc, la montaña escaparate de Barcelona: de la Exposición de 1929 a los Juegos de 1992
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Baja el ritmo y deja que el jardín te rodee: estanques con plantas acuáticas, terrazas de flores, bancales que bajan por la ladera, y arriba, las cabinas del teleférico que pasan en silencio hacia el castillo. Estos jardines llevan el nombre de Jacint Verdaguer, Mossèn Cinto, el poeta que en el siglo XIX devolvió al catalán su prestigio literario con poemas épicos como L'Atlàntida y Canigó. Cuando murió, en 1902, Barcelona entera salió a la calle para despedirlo.

Antes de ser parque, Montjuïc fue una cantera inmensa. La piedra arenisca de esta montaña construyó buena parte de la Barcelona medieval: murallas, palacios, iglesias. Cuentan que los bastaixos, los estibadores del puerto, cargaban a hombros los bloques desde aquí para levantar la basílica de Santa Maria del Mar. Si caminas por el Barrio Gótico, en cierto modo caminas sobre pedazos de esta ladera.

El nombre de la montaña también guarda una historia. Montjuïc significa, según la explicación más aceptada, monte de los judíos: en la ladera que mira al mar estuvo durante la Edad Media el cementerio de la comunidad judía de Barcelona. Tras el asalto al barrio judío en 1391, la comunidad desapareció, y muchas de sus lápidas acabaron reutilizadas como piedra de construcción. Algunas, con inscripciones en hebreo, todavía se pueden ver hoy en muros de la ciudad vieja.

Hay otra teoría, más clásica: que el nombre venga de Mons Iovis, el monte de Júpiter, de época romana. Los historiadores siguen discutiendo, pero la memoria judía de la montaña está documentada, y la ciudad la ha recuperado con los años.

Fíjate en el silencio. Es una de las pocas zonas de Montjuïc donde casi no se oye el tráfico. Ahora sube por los caminos del parque, o toma el teleférico si prefieres, hasta la cima: allí está el castillo, y con él, el capítulo más duro de esta montaña.

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