El Amstel: el río que dio nombre a la ciudad y a una cerveza

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Por fin, agua abierta. Asómate a la barandilla del puente: el Amstel corre ancho y tranquilo, con casas flotantes amarradas a la orilla y remeros que pasan casi en silencio. Respira hondo, porque este río es la razón por la que existe la ciudad.

Key Facts

PlaceEl Amstel: el río que dio nombre a la ciudad y a una cerveza
AddressNieuwe Amstelbrug, 1074 HM Amsterdam, Netherlands
Geo Coordinates52.35620, 4.90600
Part of WalkÁmsterdam con hambre: De Pijp, el mercado Albert Cuyp y el Amstel
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Por fin, agua abierta. Asómate a la barandilla del puente: el Amstel corre ancho y tranquilo, con casas flotantes amarradas a la orilla y remeros que pasan casi en silencio. Respira hondo, porque este río es la razón por la que existe la ciudad.

Hacia el siglo XIII, unos pescadores y campesinos que vivían en su desembocadura levantaron un dique para frenar el agua del mar. Ese dique en el Amstel, Amstelredamme, acabó dando nombre a la ciudad, y estaba donde hoy se abre la plaza Dam, un par de kilómetros río abajo: por eso la plaza más famosa de Ámsterdam se llama, literalmente, el Dique. En 1275, el conde Floris V concedió a la gente que vivía junto a ese dique la exención de un peaje, y ese documento es la primera vez que el lugar aparece por escrito.

El río también dio nombre a una cerveza. En 1870 se fundó junto a sus orillas la cervecería Amstel, y se cuenta que en invierno cortaban bloques de hielo del río helado para enfriar sus bodegas. Durante casi un siglo fue la gran rival de Heineken, la fábrica con la que empezaste el paseo... hasta que en 1968 Heineken la compró. Los dos nombres más famosos de la cerveza de Ámsterdam acabaron bajo el mismo techo.

Rembrandt paseaba por estas orillas, más al sur, cuando todavía eran campo abierto, y dibujaba el río con unos pocos trazos de tinta: granjas, árboles, barcas varadas. Algunos de esos dibujos se conservan hoy en museos de todo el mundo, y en ellos el Amstel parece casi el mismo que tienes delante.

Mira las casas flotantes: en Ámsterdam hay unas dos mil quinientas, con jardines en macetas, gatos en la cubierta y bicicletas encadenadas en la orilla. Vivir sobre el agua aquí no es una excentricidad, es casi una tradición. Cruza el puente y camina por la otra orilla hacia el norte: al fondo verás un gran edificio blanco con aire de palacio.

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