Arenque y kibbeling en el mercado

Why is it significant?

Sigue tu nariz: ese olor salado que flota entre los toldos viene de los puestos de pescado, con sus vitrinas de hielo y filetes plateados alineados como soldados. Ha llegado la prueba de valor de todo visitante en Ámsterdam: el arenque crudo. Bueno, crudo... casi.

Key Facts

PlaceArenque y kibbeling en el mercado
AddressAlbert Cuypstraat 200, 1073 BL Amsterdam, Netherlands
Geo Coordinates52.35610, 4.89610
Part of WalkÁmsterdam con hambre: De Pijp, el mercado Albert Cuyp y el Amstel
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Sigue tu nariz: ese olor salado que flota entre los toldos viene de los puestos de pescado, con sus vitrinas de hielo y filetes plateados alineados como soldados. Ha llegado la prueba de valor de todo visitante en Ámsterdam: el arenque crudo.

Bueno, crudo... casi. El arenque holandés se limpia de una forma muy particular, el kaken: se le quitan las agallas y parte de las tripas, pero se deja una pequeña glándula cuyas enzimas lo maduran suavemente en la salmuera. La tradición atribuye el truco a un pescador del siglo XIV, Willem Beukelszoon. Sea leyenda o no, así el pescado aguantaba meses en barriles, y el arenque salado se convirtió en uno de los grandes negocios del país. Un viejo dicho asegura que Ámsterdam está construida sobre espinas de arenque.

La fiesta grande llega a principios del verano con el Hollandse Nieuwe, el arenque nuevo de la temporada, más graso y tierno. En otras ciudades holandesas se come sujetándolo por la cola y echando la cabeza hacia atrás, como un tragasables. En Ámsterdam, en cambio, lo cortan en trozos y lo sirven con cebolla picada y pepinillos, a veces dentro de un panecillo blando. Pruébalo así, como un vecino más.

Y si el arenque te impone, hay una salida digna: el kibbeling. En su origen eran las mejillas del bacalao, un recorte que los pescaderos aprovechaban; hoy son trozos de pescado blanco rebozados y fritos, servidos calientes en un cucurucho con salsa de ajo o salsa tártara. Nadie en este mercado te juzgará por elegirlo.

Observa un momento cómo trabajan los vendedores: un tajo, otro, y el filete queda limpio en segundos, con una destreza que se aprende en familia. La gente come de pie, sin plato y sin prisa, apoyada en el mostrador, y luego sigue con la compra como si nada. Continúa hacia el este, hacia el final del mercado: después de la sal, toca el dulce.

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