Gerard Douplein: el Barrio Latino de los pintores

Why is it significant?

Esta placita, con sus árboles y sus terrazas apretadas, funciona como un salón al aire libre. Busca un hueco, quédate quieto un momento y mira las fachadas que la rodean: ladrillo oscuro, cuatro o cinco plantas, ventanas altas y estrechas, todas un poco parecidas.

Key Facts

PlaceGerard Douplein: el Barrio Latino de los pintores
AddressGerard Douplein, 1072 VE Amsterdam, Netherlands
Geo Coordinates52.35600, 4.89320
Part of WalkÁmsterdam con hambre: De Pijp, el mercado Albert Cuyp y el Amstel
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Esta placita, con sus árboles y sus terrazas apretadas, funciona como un salón al aire libre. Busca un hueco, quédate quieto un momento y mira las fachadas que la rodean: ladrillo oscuro, cuatro o cinco plantas, ventanas altas y estrechas, todas un poco parecidas. Bienvenido al corazón de De Pijp, la Pipa.

Nadie sabe con seguridad de dónde viene el nombre. La explicación más repetida dice que sus calles, largas, estrechas y rectas, parecían los tubos de una pipa o de una cañería. Lo que sí se sabe es cómo nació el barrio. A partir de la década de 1870, Ámsterdam se desbordó por fin fuera de su anillo de canales, y aquí, sobre antiguos prados, se levantaron a toda prisa bloques para obreros, artesanos y familias recién llegadas del campo.

Los construyeron especuladores, rápido y barato. Los holandeses llaman a ese estilo revolutiebouw, construcción revolucionaria, un nombre que no tiene nada de heroico: significa levantar casas a la velocidad a la que se podían vender. Pisos diminutos, oscuros, sin baño, con familias enteras en dos habitaciones. Precisamente por ser barato, el barrio atrajo a pintores sin dinero, estudiantes y escritores, y empezó a llamarse el Barrio Latino de Ámsterdam.

Ahora fíjate en los nombres de las calles. Ferdinand Bol, Govert Flinck, Jan Steen, Frans Hals, Van Ostade... casi todas recuerdan a un pintor del Siglo de Oro. Gerard Dou, el de esta plaza, fue el primer alumno de Rembrandt en Leiden y se hizo famoso por cuadros pequeñísimos, de un detalle obsesivo. Una anécdota antigua asegura que pasó días enteros pintando una escoba no más grande que una uña.

Hoy los pisos que nadie quería se cuentan entre los más buscados de la ciudad, y detrás de esas fachadas austeras se esconden cafés, cocinas de medio mundo y bicicletas aparcadas en tres filas. Vuelve al mercado por la Gerard Doustraat y sigue hacia el este entre los puestos: un olor a mar te avisará de la próxima parada.

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