Viena en la Ringstraße: la Ópera, los museos y el bulevar de los palacios

De la Ópera Estatal a la Bolsa: un paseo por la gran avenida que sustituyó a las murallas de Viena, con las infantas de Velázquez, un parlamento griego y un ayuntamiento gótico

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  1. 1. Ópera Estatal de Viena

    Opernring 2, 1010 Wien, Austria

    Tienes delante un palacio de piedra clara con cinco arcos abiertos a la calle y, encima, una logia de columnas donde dos caballos alados parecen a punto de echar a volar. Es la Ópera Estatal de Viena, y no es un edificio cualquiera: fue el primer gran monumento que se levantó en la avenida que vas a recorrer hoy.

    Hasta 1857, Viena vivía encerrada entre murallas, con una enorme franja de terreno vacío delante para que los cañones tuvieran campo de tiro. Ese año, el joven emperador Francisco José ordenó derribarlo todo. Sobre aquel cinturón nació la Ringstraße, un bulevar de más de cinco kilómetros que se inauguró en 1865, y cada edificio público eligió el estilo del pasado que mejor contaba su función. Gótico para el ayuntamiento, griego para el parlamento, renacimiento para la universidad... Lo que vas a ver es un catálogo de la historia de la arquitectura, construido en apenas unas décadas.

    La Ópera la diseñaron dos amigos, August Sicard von Sicardsburg y Eduard van der Nüll. Mientras se construía, subieron el nivel de la calle y el edificio pareció hundirse; los vieneses, que nunca han sido tiernos con lo nuevo, la llamaron caja hundida, y alguien la comparó con la derrota militar de 1866. Van der Nüll se quitó la vida en abril de 1868, y Sicardsburg murió pocas semanas después. Ninguno de los dos vio la inauguración. Se cuenta que desde entonces Francisco José, ante cualquier obra nueva, se limitaba a decir que todo había sido muy bonito y que le había gustado mucho.

    Y ahora, un detalle para ti: la ópera que inauguró la casa, el 25 de mayo de 1869, fue Don Giovanni de Mozart, es decir, nuestro Don Juan, el burlador de Sevilla. En marzo de 1945 las bombas incendiaron la sala y el escenario; solo sobrevivieron la fachada, la gran escalera y el vestíbulo. Cuando reabrió, el 5 de noviembre de 1955, con Austria recién libre, se eligió Fidelio de Beethoven... una ópera sobre la libertad que transcurre en una prisión cerca de Sevilla. Dos veces Sevilla en los momentos clave de esta casa.

    Ahora camina por el Opernring hacia el oeste, con la Ópera a tu espalda, y a los pocos pasos gira a la izquierda hacia una plaza tranquila donde un poeta de bronce está sentado en su pedestal.

  2. 2. Academia de Bellas Artes y Schillerplatz

    Schillerplatz 3, 1010 Wien, Austria

    Entra en esta plaza con árboles y saluda a Friedrich Schiller, sentado en bronce, que da la espalda a un edificio largo de ladrillo y terracota con aire de palacio florentino. Es la Academia de Bellas Artes de Viena, y su arquitecto, el danés Theophil Hansen, volverá a aparecer dos veces en este paseo.

    La academia es mucho más vieja que su casa: nació en 1692 como escuela privada de un pintor de la corte, y no se mudó aquí hasta 1877. Hansen la vistió de Renacimiento italiano, el estilo que en el siglo diecinueve significaba arte y saber. Dentro, en el aula principal, el techo lo pintó Anselm Feuerbach con la caída de los titanes, y la pinacoteca guarda un tesoro que pocos visitantes conocen: el tríptico del Juicio Final de Hieronymus Bosch, el Bosco, con sus monstruos y sus cuerpos diminutos.

    Y ahora, la historia incómoda. En 1907 y otra vez en 1908, un joven de provincias llamado Adolf Hitler se presentó al examen de ingreso de pintura y fue rechazado las dos veces. Se quedó en Viena, vendiendo acuarelas y viviendo en albergues, mientras absorbía el antisemitismo político que entonces se respiraba en la ciudad. La historia no se reescribe con condicionales, pero cuesta mirar esta puerta sin pensarlo.

    La paradoja es que, en esos mismos años, la misma academia había aceptado en 1906 a un chico de dieciséis años: Egon Schiele. Schiele se aburrió de las clases académicas, de copiar yesos y de pintar como hace cien años, y en 1909 se marchó con varios compañeros para fundar su propio grupo. Hoy sus cuadros llenan un museo entero a pocos minutos de aquí. Un mismo edificio, dos jóvenes, dos destinos que no podrían ser más opuestos.

    Sal de la plaza hacia el noroeste, baja hasta el Ring y crúzalo. Delante verás dos palacios gemelos con cúpulas verdes, uno frente al otro: dirígete al de la derecha, el de las artes, y entra en el jardín que hay entre ambos.

  3. 3. Maria-Theresien-Platz y el Kunsthistorisches Museum

    Maria-Theresien-Platz, 1010 Wien, Austria

    Estás en un jardín geométrico entre dos palacios casi idénticos, y en el centro, sentada en un trono altísimo, te observa la emperatriz María Teresa, rodeada de sus generales a caballo y de sus consejeros. El palacio que tienes a tu derecha, mirando hacia ella, es el Kunsthistorisches Museum, el Museo de Historia del Arte de Viena.

    Se abrió en 1891 para reunir por fin las colecciones que los Habsburgo habían ido acumulando durante siglos. Lo diseñaron Gottfried Semper y Carl von Hasenauer, y su escalera principal es un espectáculo: mármoles de colores, el Teseo de Canova a mitad de camino y, entre los arcos de arriba, unas figuras pintadas por un joven Gustav Klimt, cuando todavía trabajaba con su hermano Ernst como decorador de encargo.

    Pero hay algo ahí dentro que es casi nuestro. En la sala de pintura española te esperan varios retratos de la infanta Margarita, la niña rubia de Las Meninas, pintados por Velázquez. No llegaron por casualidad: desde Madrid se enviaban a Viena para que su prometido, su tío Leopoldo, viera crecer a la niña con la que se iba a casar. Margarita con vestido rosa, con vestido blanco, con vestido azul... un álbum de fotos familiar, pintado por el mejor pintor de su siglo. Se casó en 1666, con quince años, y murió en Viena en 1673, con solo veintiuno.

    Esa boda resume la historia de la dinastía: dos ramas, Madrid y Viena, casándose entre sí una y otra vez. Cuando el último Habsburgo español, Carlos II, murió sin hijos en 1700, estalló la Guerra de Sucesión. El padre de la mujer del trono, el archiduque Carlos, luchó por la corona española y la perdió. Sin hijo varón, cambió las reglas de herencia para que reinara su hija... y así María Teresa ocupó el trono en 1740. En cierto modo, la emperatriz de bronce es una consecuencia del fracaso español de su padre.

    Ahora camina hacia el fondo de la plaza, alejándote del Ring, cruza la calle y busca en la larga fachada barroca la entrada principal del MuseumsQuartier.

  4. 4. MuseumsQuartier, las antiguas caballerizas imperiales

    Museumsplatz 1, 1070 Wien, Austria

    Atraviesa el portal de la fachada barroca y sal a un patio enorme donde, entre dos cubos modernos, uno de piedra blanca y otro oscuro como la lava, la gente se tumba en muebles de plástico de colores como si estuviera en el salón de su casa. Bienvenido al MuseumsQuartier, el patio de recreo de los vieneses.

    Esta fachada de más de trescientos metros no la levantaron para el arte, sino para los caballos. Eran las caballerizas imperiales, proyectadas por Johann Bernhard Fischer von Erlach y construidas a partir de 1719 para el emperador Carlos VI, el mismo que había peleado por la corona de España. Aquí vivían cientos de caballos de la corte, con sus carrozas, sus mozos y sus herreros, y hasta un picadero cubierto para entrenarlos en invierno.

    Y los caballos más preciados de aquella corte tenían sangre española. Los famosos lipizanos descienden de caballos españoles, criados desde 1580 en la yeguada de Lipica, y por eso la escuela de equitación de la Hofburg, a pocos minutos de aquí, se sigue llamando Escuela Española de Equitación. Durante siglos, el caballo español fue en Viena lo que hoy sería un coche de lujo con chófer.

    Después del imperio, las caballerizas sirvieron como recinto de ferias, y en los años noventa se convirtieron en un barrio de museos diseñado por los arquitectos Ortner y Ortner. El proyecto incluía una torre de lectura, pero la polémica fue tal, con críticos que decían que competiría con las cúpulas barrocas, que se suprimió. Abrió en 2001: el cubo blanco es el Museo Leopold, con la mayor colección de Egon Schiele del mundo, y el oscuro es el mumok, de arte moderno. Y en el antiguo picadero de invierno, donde trotaban los caballos, hoy se exponen artistas contemporáneos.

    Vuelve sobre tus pasos, cruza otra vez la calle hacia la plaza de María Teresa y ponte frente al gemelo del museo de arte, el palacio de la izquierda.

  5. 5. Naturhistorisches Museum

    Burgring 7, 1010 Wien, Austria

    Ponte frente a este palacio y compáralo con el de enfrente: la misma cúpula, las mismas columnas, el mismo tamaño, como si alguien hubiera puesto un espejo en mitad de la plaza. Pero fíjate en la cima: allí donde el museo de arte tiene a Palas Atenea, aquí brilla Helios, el sol. Es el Naturhistorisches Museum, el Museo de Historia Natural de Viena.

    Los dos gemelos eran solo una parte de un sueño mucho más grande. Gottfried Semper imaginó un foro imperial que uniría estos museos con la Hofburg mediante grandes arcos sobre el Ring, una especie de plaza romana para el emperador. Se construyó un trozo, la Neue Burg con su fachada curva, y el resto se quedó en planos. Este museo abrió en 1889, dos años antes que su hermano.

    El origen de la colección es casi romántico. Francisco Esteban de Lorena, el marido de María Teresa, era un apasionado de las ciencias naturales, y a mediados del siglo dieciocho compró a un coleccionista florentino una colección de unas treinta mil piezas: conchas, minerales, fósiles. Mientras su mujer gobernaba un imperio, él clasificaba piedras. Más tarde llegaron los tesoros de las expediciones, como la de la fragata Novara, que dio la vuelta al mundo entre 1857 y 1859.

    Y ahí dentro te espera una mujer de once centímetros. La Venus de Willendorf, una figurilla de piedra caliza de unos veintinueve mil quinientos años, apareció en 1908 durante unas obras en el valle del Danubio. Cabe en la palma de una mano y es una de las imágenes humanas más antiguas que conocemos. Un estudio reciente sugiere incluso que la piedra vino de muy lejos, del norte de Italia. Y en otra sala, cientos de meteoritos, piedras caídas del cielo que puedes mirar a un palmo de la nariz.

    Sal de nuevo al Ring y camina hacia el norte, con el parque del Volksgarten a tu derecha, hasta que aparezca un templo griego con una diosa dorada delante.

  6. 6. Parlamento de Austria

    Dr.-Karl-Renner-Ring 3, 1010 Wien, Austria

    Al otro lado de la calle se levanta un templo griego del tamaño de una manzana, con columnas blancas, cuadrigas de bronce en el tejado y una rampa monumental. Delante, sobre una fuente, una Palas Atenea con casco dorado vigila la Ringstraße. Es el Parlamento de Austria.

    Aquí vuelve Theophil Hansen, el arquitecto de la academia. Lo construyó entre 1874 y 1883 y eligió el estilo griego por una razón sencilla: Grecia era la cuna de la democracia. Pero el parlamento que se reunía dentro era un rompecabezas: diputados de media Europa central hablando alemán, checo, polaco, italiano, ucraniano o esloveno. En 1897 Mark Twain se sentó en la tribuna y asistió a una sesión de bloqueo en la que un diputado habló doce horas seguidas para impedir una votación sobre las lenguas oficiales. Lo contó en un artículo memorable, entre el asombro y la risa.

    Fíjate otra vez en la diosa. Palas Atenea, la sabiduría, está colocada de espaldas al edificio, mirando a la calle. Los vieneses llevan más de un siglo con el mismo chiste: la sabiduría se quedó fuera del parlamento.

    Esta rampa ha visto los momentos más graves del país. El 12 de noviembre de 1918, tras el hundimiento del imperio, se proclamó aquí la República. En 1933 el canciller Dollfuss aprovechó una crisis de procedimiento para gobernar sin parlamento, y en 1938 llegó la anexión a la Alemania nazi. Después de 1945, con el edificio dañado por las bombas, la democracia volvió a sentarse en estos escaños. Tras una larga renovación, reabrió en 2023, con una cubierta de cristal sobre el salón de plenos.

    Sigue caminando hacia el norte por el Ring. Enseguida verás, al fondo de un parque, una fachada gótica con una torre altísima y un caballero diminuto en lo alto. Entra en el parque y acércate.

  7. 7. Ayuntamiento de Viena (Rathaus)

    Friedrich-Schmidt-Platz 1, 1010 Wien, Austria

    Desde el parque, deja que la mirada suba por esta fachada de arcos, pináculos y balcones de piedra hasta la torre central, y en la punta descubrirás a un caballero de hierro con su lanza. Es el Rathaus, el ayuntamiento de Viena, y ese caballero tiene nombre propio: el Rathausmann.

    Lo proyectó Friedrich von Schmidt, un arquitecto que se había formado en las obras de la catedral de Colonia y que conocía el gótico como pocos. Se construyó entre 1872 y 1883, y el estilo no fue un capricho: el gótico recordaba a los ayuntamientos de las ciudades libres de Flandes, a la época en que los burgueses se gobernaban a sí mismos. Para la burguesía liberal de Viena, que acababa de ganar poder frente a la corte, era una declaración de independencia en piedra.

    Y aquí viene la picardía vienesa. Se cuenta que el emperador no quería que la torre del ayuntamiento superara a las de la iglesia votiva, que ya conocerás, de noventa y nueve metros. Schmidt la dejó en unos noventa y ocho... y luego colocó encima a su caballero de hierro, de más de tres metros. Técnicamente, la torre cumplía la norma; en la práctica, la ciudad quedaba por encima. Sea leyenda o no, a los vieneses les encanta contarla.

    El terreno tiene también su historia: aquí estaba el gran campo de desfiles del ejército, y la ciudad tuvo que negociar para conseguirlo. Hoy la plaza es todo lo contrario de un cuartel. En invierno se llena de puestos navideños y de patinadores, y en verano de gente que ve ópera y conciertos en una pantalla gigante, sentada al aire libre hasta la medianoche. El patio de arcadas del edificio, con su eco, es uno de los rincones más bonitos de la ciudad.

    Ahora date la vuelta y mira al otro lado del Ring: justo enfrente, como si los dos edificios se estuvieran mirando, está el teatro más importante del país. Cruza la calle por el paso de peatones.

  8. 8. Burgtheater

    Universitätsring 2, 1010 Wien, Austria

    Ponte frente a este teatro de fachada curva, como un abrazo, con dos alas laterales que parecen brazos abiertos hacia el Ring. Es el Burgtheater, para muchos el escenario más prestigioso de la lengua alemana, y los vieneses lo llaman simplemente la Burg.

    El teatro es más antiguo que el edificio. Lo fundó María Teresa en 1741 junto al palacio imperial, en la Michaelerplatz, y durante más de un siglo los actores trabajaron casi en la casa del emperador. Este edificio nuevo, de Gottfried Semper y Carl von Hasenauer, se inauguró en 1888. Y empezó con mal pie: desde muchos asientos no se veía bien el escenario y la acústica fallaba, así que en 1897 tuvieron que rehacer la sala entera.

    Esas dos alas laterales guardan escaleras monumentales, y sus techos los pintaron tres jóvenes: Gustav Klimt, su hermano Ernst y su amigo Franz Matsch. En una de las escenas, la del teatro de Shakespeare en Londres, Klimt se pintó a sí mismo entre el público, con una gorguera blanca al cuello. Es uno de los poquísimos autorretratos que dejó, escondido en un techo. Poco después pintó la sala del viejo teatro con más de cien espectadores reconocibles de la buena sociedad, y el emperador le concedió una condecoración. Nadie imaginaba entonces el escándalo que iba a ser.

    En la primavera de 1945, tras los bombardeos, un incendio destruyó la sala. Reabrió en octubre de 1955, el mismo otoño que la Ópera, con una obra del gran dramaturgo austriaco Franz Grillparzer. Y por cierto, Grillparzer escribió también una tragedia muy nuestra: La judía de Toledo, sobre los amores del rey Alfonso VIII.

    Sigue por el Ring hacia el norte, con el parque a tu izquierda al otro lado de la calle, hasta un largo palacio renacentista con rampas a los lados. Son apenas unos minutos.

  9. 9. Universidad de Viena

    Universitätsring 1, 1010 Wien, Austria

    Delante tienes un palacio largo de aire italiano, con rampas a ambos lados por las que antes subían los carruajes y un cuerpo central de columnas. Es el edificio principal de la Universidad de Viena, y si el parlamento es griego y el ayuntamiento gótico, aquí toca Renacimiento, el estilo del humanismo y de la ciencia.

    La universidad la fundó el duque Rodolfo IV en 1365, y hoy es la más antigua de las que siguen funcionando en el mundo de lengua alemana. Durante siglos estuvo apretada en el casco viejo, hasta que Heinrich von Ferstel le construyó esta casa entre 1877 y 1884. Por estas aulas pasaron Sigmund Freud, que estudió aquí medicina, y una larga lista de premios Nobel.

    Pero el episodio más famoso es un escándalo. La universidad encargó a Gustav Klimt tres grandes pinturas para el techo del aula magna: la Filosofía, la Medicina y la Jurisprudencia. Cuando en 1900 se expuso la Filosofía, con sus cuerpos desnudos flotando en una niebla oscura, decenas de profesores firmaron una protesta. Klimt acabó devolviendo el dinero y quedándose con los cuadros. En mayo de 1945, guardados en un castillo de la Baja Austria, ardieron en un incendio provocado por las tropas de las SS en retirada. Hoy solo los conocemos por fotografías.

    Entra si puedes en el patio de arcadas: está rodeado de bustos de los grandes sabios de la casa. Durante más de un siglo fueron casi todos hombres, aunque las mujeres pudieron estudiar aquí desde 1897. En 2016, por fin, se añadieron bustos de científicas, entre ellas la física Lise Meitner. Un patio de piedra que tardó cien años en ponerse al día.

    Al salir, mira a tu izquierda: dos agujas de piedra calada asoman sobre los árboles. Cruza en esa dirección hacia la plaza que las rodea.

  10. 10. Votivkirche, la iglesia votiva

    Rooseveltplatz 8, 1090 Wien, Austria

    En medio de un parque se alzan dos torres gemelas de piedra calada, casi cien metros de encaje gris que parecen hechos de puntilla. Parece una catedral medieval, pero tiene poco más de un siglo: es la Votivkirche, la iglesia votiva de Viena, y nació de un susto.

    El 18 de febrero de 1853, mientras paseaba por las murallas, el joven Francisco José fue atacado con un cuchillo por un sastre húngaro, János Libényi. La hoja chocó contra el cuello rígido del uniforme y el emperador salvó la vida con una herida en la nuca. Su hermano, el archiduque Fernando Maximiliano, lanzó entonces una colecta en todo el imperio para levantar una iglesia de agradecimiento.

    El concurso lo ganó un arquitecto de solo veintiséis años: Heinrich von Ferstel, el mismo que luego haría la universidad. Las obras duraron más de dos décadas, y la iglesia se consagró en 1879, coincidiendo con las bodas de plata de Francisco José y Sisí. Dentro descansa además un sepulcro renacentista, el del conde Niklas Salm, que defendió Viena durante el asedio otomano de 1529.

    Y ahora un hilo que cruza el océano. Aquel hermano que pidió dinero para esta iglesia, Maximiliano, aceptó en 1864 la corona de México, apoyado por las tropas de Napoleón III. Su imperio duró apenas tres años: cuando los franceses se retiraron, fue capturado por las fuerzas de Benito Juárez y fusilado en el Cerro de las Campanas, en Querétaro, el 19 de junio de 1867. Así que estas torres, levantadas para dar gracias porque un hermano se salvó, se terminaron cuando el otro ya había muerto lejos de casa.

    Ahora baja hacia el este por la Universitätsstraße hasta el cruce del Schottentor, y sigue por el Schottenring. Busca a tu izquierda un gran edificio de ladrillo rojo y piedra clara: es la última parada.

  11. 11. Antigua Bolsa de Viena

    Schottenring 16, 1010 Wien, Austria

    Termina el paseo frente a este bloque rojo y crema, de ladrillo y piedra, con columnas y ventanales de palacio. Es la antigua Bolsa de Viena, y si te resulta familiar es porque lo es: otra vez Theophil Hansen, el arquitecto de la academia y del parlamento.

    Su historia empieza con un desastre. En mayo de 1873, mientras Viena celebraba su Exposición Universal en el Prater, la bolsa se hundió en un viernes negro. Bancos y constructoras quebraron en cadena, hubo suicidios, y aquel verano llegó además una epidemia de cólera. Fue el final brusco de la euforia que había pagado muchos de los edificios de la Ringstraße. Y sin embargo, este templo del dinero se empezó a construir justo después, en 1874, como si la ciudad quisiera demostrar que seguía creyendo en sí misma.

    Hansen lo terminó en 1877 con su mezcla favorita de Grecia y Renacimiento y con mucho color, algo raro en una avenida casi siempre gris. En 1956 un incendio destruyó el gran salón de operaciones, y a comienzos de este siglo la bolsa se mudó a otro edificio. Las fachadas, en cambio, siguen igual que el primer día.

    Si te quedan fuerzas, sigue el Ring hacia el este unos quince minutos y llegarás a la Caja Postal de Ahorros de Otto Wagner, terminada en 1906, con su fachada de placas de mármol sujetas con pernos de aluminio. Allí el Ring da su último giro: del historicismo, que copiaba el pasado, a la arquitectura moderna, que quería parecerse a su propia época.

    Piensa en lo que has recorrido: una ópera renacentista, un templo griego, un ayuntamiento gótico, una universidad italiana, una catedral que no es catedral. Todo nació en unas pocas décadas sobre el terreno donde antes había murallas y cañones. Si quieres volver al principio sin caminar, los tranvías de las líneas 1 y 2 recorren buena parte de la Ringstraße... y desde la ventanilla verás cómo pasan, uno tras otro, todos los siglos de la arquitectura europea.