Plaza del Castillo y Columna de Segismundo
Why is it significant?
Ponte al pie de la columna, en mitad de la plaza empedrada, y sube la mirada hasta arriba del todo: a unos veintidós metros, un rey de bronce sostiene una cruz en una mano y un sable en la otra.
Key Facts
| Place | Plaza del Castillo y Columna de Segismundo |
|---|---|
| Address | Plac Zamkowy, 00-277 Warszawa, Poland |
| Geo Coordinates | 52.24730, 21.01340 |
| Part of Walk | Varsovia renacida: la Ciudad Vieja y el Castillo Real, piedra a piedra |
| Generated | Generated |
Ponte al pie de la columna, en mitad de la plaza empedrada, y sube la mirada hasta arriba del todo: a unos veintidós metros, un rey de bronce sostiene una cruz en una mano y un sable en la otra. A su espalda, la fachada rojiza del Castillo Real; delante, la calle que se aleja hacia el sur, el arranque de la Ruta Real. Si quedas con un varsoviano en el centro, lo más probable es que te diga: nos vemos bajo Segismundo.
¿Y quién es este señor tan serio? Segismundo III Vasa, un príncipe sueco que fue elegido rey de Polonia en 1587 y que durante unos años llevó también la corona de Suecia. Fue él quien, a caballo entre los siglos dieciséis y diecisiete, trasladó la corte de Cracovia a Varsovia, una ciudad que quedaba a medio camino entre Cracovia y Vilna y donde ya se reunía el parlamento. Su hijo, Ladislao IV, levantó esta columna en 1644. Fue el primer monumento laico de una ciudad llena de santos: un hijo homenajeando a su padre en plena calle.
Y ahora un detalle que te va a sonar. Segismundo se casó dos veces, y las dos con hermanas: las archiduquesas Ana y Constanza de Austria. Una tercera hermana, Margarita, fue reina de España como esposa de Felipe III. O sea, que el rey de esta columna era cuñado del rey de España... la Europa de los Habsburgo era, en el fondo, un asunto de familia.
La columna que ves no es la original. El primer fuste, de mármol, se cambió por uno de granito en el siglo diecinueve, y el 1 de septiembre de 1944, en pleno Levantamiento de Varsovia, un disparo de un tanque alemán la derribó. La estatua cayó entre los escombros, dañada pero entera, y en 1949 volvió a subir a una columna nueva, cuando a su alrededor casi todo seguía en ruinas. Junto al muro del castillo todavía descansan, tumbados en el suelo, los trozos de los fustes antiguos.
Los varsovianos cuentan una leyenda: mientras el rey mantenga el sable en alto, la ciudad resistirá, y el día que lo baje, llegará la desgracia. Por si acaso, échale un ojo antes de seguir. Ahora date la vuelta y camina hacia la torre del reloj del castillo, la gran fachada que ocupa todo un lado de la plaza.