Monumento a Schubert en el Stadtpark
Why is it significant?
Busca entre los árboles, cerca del Parkring, a un hombre de mármol blanco sentado en un sillón, con gafas, un cuaderno en las rodillas y la mirada perdida en una melodía.
Key Facts
| Place | Monumento a Schubert en el Stadtpark |
|---|---|
| Address | Stadtpark, Parkring, 1010 Wien, Austria |
| Geo Coordinates | 48.20520, 16.37720 |
| Part of Walk | Viena suena: tras los pasos de Mozart, Beethoven y Strauss |
| Generated | Generated |
Busca entre los árboles, cerca del Parkring, a un hombre de mármol blanco sentado en un sillón, con gafas, un cuaderno en las rodillas y la mirada perdida en una melodía. Es Franz Schubert, y este monumento, obra de Carl Kundmann, se inauguró en 1872, pagado en buena parte por la Sociedad Coral Masculina de Viena, que le debía medio repertorio.
Hay un detalle que lo hace especial en este paseo. Mozart vino de Salzburgo, Beethoven de Bonn, Haydn de un pueblo de la frontera húngara, Brahms de Hamburgo. Schubert, en cambio, nació en Viena en 1797, en un barrio de las afueras, hijo de un maestro de escuela. Es el gran compositor que la ciudad no tuvo que importar.
Su vida fue corta y casi privada. Nunca tuvo un puesto fijo, vivió de favores de amigos y tocó sobre todo en casas particulares, en veladas que acabaron llamándose schubertiadas, con poesía, vino y canciones. Escribió más de seiscientas canciones, a menudo varias en un solo día. Admiraba a Beethoven hasta la veneración, llevó una antorcha en su entierro en 1827, y murió al año siguiente, en 1828, con solo treinta y un años.
Mucha de su música quedó en cajones. En 1839, durante una estancia en Viena, Robert Schumann visitó al hermano de Schubert y encontró entre sus papeles la Gran Sinfonía en do mayor, que Mendelssohn estrenó poco después en Leipzig. Y la Sinfonía Inacabada no se estrenó hasta 1865, aquí en Viena, más de cuarenta años después de escrita.
En este mismo parque descansan otros nombres: un busto de Bruckner, un monumento a Franz Lehár. Pero Schubert, sentado y pensativo, es el mejor final para este paseo. Empezaste con un gaitero que cantaba sobre la muerte en una taberna, pasaste por la casa de Fígaro, el salón de la Heroica y la Sala Dorada, y terminas ante el músico que convirtió la vida cotidiana de Viena en canción. Siéntate un momento en un banco, pon su música si quieres... y deja que la ciudad siga sonando.