Café Frauenhuber: el café más antiguo de Viena
Why is it significant?
Entra en Himmelpfortgasse, la calle de la puerta del cielo, y detente ante el número 6, un café de terciopelo rojo con ventanales y una sala que parece no haber cambiado desde los tiempos de las crinolinas. Es el Café Frauenhuber, y presume de ser el café más antiguo de Viena que sigue abierto.
Key Facts
| Place | Café Frauenhuber: el café más antiguo de Viena |
|---|---|
| Address | Himmelpfortgasse 6, 1010 Wien, Austria |
| Geo Coordinates | 48.20570, 16.37230 |
| Part of Walk | Viena a sorbos y bocados: cafés históricos, Sachertorte y Naschmarkt |
| Generated | Generated |
Entra en Himmelpfortgasse, la calle de la puerta del cielo, y detente ante el número 6, un café de terciopelo rojo con ventanales y una sala que parece no haber cambiado desde los tiempos de las crinolinas. Es el Café Frauenhuber, y presume de ser el café más antiguo de Viena que sigue abierto.
El nombre de la calle viene de un convento de monjas llamado Puerta del Cielo, que el emperador José II disolvió a finales del siglo dieciocho. Y justo al lado, en el número 8, se alza el palacio de invierno del príncipe Eugenio de Saboya, el general que derrotó a los otomanos, hoy ocupado por el Ministerio de Finanzas. Es decir: monjas, un príncipe guerrero y café, todo en cincuenta metros.
Antes de ser café, esta casa albergó el restaurante de Ignaz Jahn, cocinero de la corte de María Teresa, que tenía una sala donde se daban conciertos. El 4 de marzo de 1791 subió a ese escenario Mozart para tocar su último concierto para piano. Fue su última aparición pública como solista; nueve meses después había muerto. La casa recuerda también que Beethoven tocó en esa misma sala pocos años más tarde.
Desde 1824 funciona como café, y en 1891 lo tomó Anton Frauenhuber, cuyo apellido lleva desde entonces. Es el lugar perfecto para aprender el vocabulario: un Kleiner Brauner es un café solo pequeño con un poco de leche, un Verlängerter un café alargado con agua, y un Fiaker lleva un chorrito de ron, como el que tomaban los cocheros para soportar el frío.
Y la regla de oro: aquí nadie te echa. Pagas un café y la mesa es tuya mientras quieras, porque el café vienés no vende bebidas, vende tiempo. Fíjate en cuántas personas están solas, leyendo, sin mirar el teléfono. Ahora sigue hacia el oeste, cruza Kärntner Straße y camina hasta la parte trasera de la Ópera, donde te espera el hotel que dio nombre a la tarta más famosa del mundo.