Franziskanerkirche: el órgano más antiguo de Viena
Why is it significant?
Siéntate un momento junto a la fuente de Moisés, en esta plaza diminuta que parece un escenario de teatro, y mira la iglesia que la cierra. Su fachada es alta, blanca, coronada por un frontón escalonado y puntiagudo, con aire de ciudad alemana del norte más que de capital barroca.
Key Facts
| Place | Franziskanerkirche: el órgano más antiguo de Viena |
|---|---|
| Address | Franziskanerplatz 4, 1010 Wien, Austria |
| Geo Coordinates | 48.20620, 16.37460 |
| Part of Walk | Viena suena: tras los pasos de Mozart, Beethoven y Strauss |
| Generated | Generated |
Siéntate un momento junto a la fuente de Moisés, en esta plaza diminuta que parece un escenario de teatro, y mira la iglesia que la cierra. Su fachada es alta, blanca, coronada por un frontón escalonado y puntiagudo, con aire de ciudad alemana del norte más que de capital barroca. Es la iglesia de los franciscanos, levantada a principios del siglo diecisiete, y es una de las pocas fachadas de estilo renacentista que quedan en Viena.
La fuente también tiene su historia: el Moisés que hace brotar agua de la roca se colocó a finales del siglo dieciocho, cuando esta plaza era un pequeño mercado. Pero el verdadero tesoro de este lugar no se ve desde fuera. Hay que entrar, y sobre todo hay que escuchar.
Dentro se conserva un órgano construido en 1642 por el maestro Johann Wöckherl. Es el órgano más antiguo de Viena, con sus puertas de madera pintadas que se abren como las alas de un retablo. Piensa en la fecha: Europa estaba todavía en plena guerra de los Treinta Años, Mozart tardaría más de un siglo en nacer, y este instrumento ya llenaba la nave de sonido.
Un órgano así es una máquina de respirar. Fuelles, tubos de metal y de madera, registros con nombres de animales y de voces humanas. Antes de que existieran salas de conciertos, era en iglesias como esta donde los vieneses oían la música más compleja de su tiempo, y donde muchos futuros compositores aprendieron armonía tocando misas de domingo. Restaurado con cuidado, el instrumento sigue sonando, y escucharlo es lo más parecido a oír la Viena de antes de los Habsburgo barrocos.
Hay algo conmovedor en la idea de que la ciudad de los grandes nombres guarde su voz más antigua en una iglesia de frailes, sin carteles luminosos ni colas. Toda la Viena musical que vas a recorrer, de Mozart a Strauss, descansa sobre siglos de música anónima como esta. Ahora toma la estrecha Ballgasse, que sale de la plaza, y síguela hasta Rauhensteingasse, donde terminó la vida de Mozart.