Rauhensteingasse: donde murió Mozart

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Mira el muro moderno de los grandes almacenes que ocupa este tramo de Rauhensteingasse y busca la placa que recuerda lo que hubo aquí. No queda nada de la casa original: se derribó a mediados del siglo diecinueve. Y sin embargo, en este punto exacto de la calle, Mozart vivió su último año y murió.

Key Facts

PlaceRauhensteingasse: donde murió Mozart
AddressRauhensteingasse 8, 1010 Wien, Austria
Geo Coordinates48.20630, 16.37240
Part of WalkViena suena: tras los pasos de Mozart, Beethoven y Strauss
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Mira el muro moderno de los grandes almacenes que ocupa este tramo de Rauhensteingasse y busca la placa que recuerda lo que hubo aquí. No queda nada de la casa original: se derribó a mediados del siglo diecinueve. Y sin embargo, en este punto exacto de la calle, Mozart vivió su último año y murió.

Se mudó aquí con Constanze en el otoño de 1790, con deudas y con una salud que ya fallaba. Y entonces, en vez de hundirse, escribió como nunca. Aquí nacieron el Concierto para clarinete, la ópera La clemenza di Tito y, sobre todo, La flauta mágica, estrenada en septiembre de 1791 en un teatro de barrio al otro lado de las murallas, con un éxito enorme.

Ese mismo verano llegó un encargo misterioso: un Réquiem, pagado por un mensajero que no quiso dar el nombre de su señor. Hoy sabemos que era el conde Walsegg, que pensaba presentarlo como obra propia en memoria de su esposa. Pero Mozart, enfermo, llegó a creer que escribía su propia misa de difuntos. Según un testimonio tardío, la víspera de su muerte unos amigos cantaron con él fragmentos de la partitura junto a la cama.

Murió aquí en la madrugada del 5 de diciembre de 1791, con treinta y cinco años. La causa exacta sigue siendo un misterio, y la historia del envenenamiento por Salieri es una leyenda, alimentada por Pushkin y luego por la película Amadeus. Tampoco es cierto del todo lo de la fosa de mendigos: lo enterraron en el cementerio de San Marcos en una tumba común, como mandaban entonces las normas de José II para la gente corriente. Nadie sabe hoy el lugar exacto.

El Réquiem quedó inacabado, y lo terminó su alumno Franz Xaver Süssmayr para que Constanze pudiera cobrar el encargo. Cada vez que escuchas el Lacrimosa, estás oyendo uno de los últimos compases que Mozart escribió en esta calle. Ahora sigue hacia el oeste, cruza la animada Kärntner Straße y busca la pequeña Lobkowitzplatz, donde Beethoven desafió a un emperador.

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