Café Central: el café de los revolucionarios

Why is it significant?

Empuja la puerta del Palais Ferstel y entra bajo unas bóvedas altísimas sostenidas por columnas, con lámparas de araña, mesas de mármol y camareros de pajarita que se mueven como en una coreografía.

Key Facts

PlaceCafé Central: el café de los revolucionarios
AddressHerrengasse 14, 1010 Wien, Austria
Geo Coordinates48.21040, 16.36540
Audio Duration~2 min
Part of WalkViena a sorbos y bocados: cafés históricos, Sachertorte y Naschmarkt
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Empuja la puerta del Palais Ferstel y entra bajo unas bóvedas altísimas sostenidas por columnas, con lámparas de araña, mesas de mármol y camareros de pajarita que se mueven como en una coreografía. Junto a la entrada, sentado a una mesa, te recibe un caballero de bigote que no se mueve nunca: es una figura del escritor Peter Altenberg, que daba como dirección postal este café. El palacio lo diseñó Heinrich von Ferstel a mediados del siglo diecinueve como sede de un banco y de la bolsa, y el café abrió en 1876. Pronto se convirtió en la sala de estar de la Viena intelectual: escritores, periodistas, médicos, ajedrecistas. Por una sola taza podías pasar la tarde entera, leer todos los periódicos colgados en sus varillas de madera y escribir un libro sin que nadie te metiera prisa. Entre los habituales de antes de la Primera Guerra Mundial había un exiliado ruso que firmaba como Bronstein y pasaba horas jugando al ajedrez. Hoy lo conocemos como León Trotski. Cuenta la anécdota que, cuando en 1917 llegó la noticia de la revolución rusa, un ministro austriaco se burló diciendo que quién iba a hacerla, si acaso el señor Bronstein del Café Central. Probablemente es una leyenda, pero en Viena nadie la quiere corregir. El café vienés tiene sus propias leyes. El café llega en bandeja de plata con un vaso de agua que el camarero rellena sin que lo pidas. Una Melange es café con leche espumosa; un Einspänner, café solo coronado de nata montada en vaso de cristal. Y la leyenda dice que el café llegó a Viena con los sacos abandonados por el ejército otomano en 1683, aunque la primera licencia documentada de un café vienés es de 1685, a nombre de un comerciante armenio. Desde 2011, la cultura de los cafés vieneses figura en el inventario nacional austriaco del patrimonio cultural inmaterial, que lleva la Comisión Austriaca para la UNESCO. Tras la Segunda Guerra Mundial el Central pasó décadas cerrado y no volvió a abrir hasta 1975. Lo que ves es una resurrección, y por eso los vieneses lo cuidan con celo. Ahora sal a Herrengasse, gira hacia Michaelerplatz y entra en Kohlmarkt, la calle de los escaparates de azúcar.

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