Campo San Giacomo dell'Orio: el salón del barrio y las sarde in saor

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Has llegado a uno de los campos más queridos de Venecia: grande, irregular, con árboles que dan sombra, bancos, niños jugando a la pelota y, en medio, una iglesia antigua que parece haber crecido por partes, con ábsides y tejados que asoman por todos lados.

Key Facts

PlaceCampo San Giacomo dell'Orio: el salón del barrio y las sarde in saor
AddressCampo San Giacomo dell'Orio, Santa Croce, 30135 Venezia VE, Italy
Geo Coordinates45.44010, 12.32740
Part of WalkVenecia de bacaro en bacaro: mercado de Rialto, cicchetti y ombre
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Has llegado a uno de los campos más queridos de Venecia: grande, irregular, con árboles que dan sombra, bancos, niños jugando a la pelota y, en medio, una iglesia antigua que parece haber crecido por partes, con ábsides y tejados que asoman por todos lados. Es San Giacomo dell'Orio, el salón al aire libre de Santa Croce.

El nombre tiene su enigma. Orio podría venir de un laurel, lauro, que crecía junto a la iglesia, o de luprio, una palabra antigua para un terreno pantanoso. La parroquia es de los primeros siglos de Venecia, y dentro guarda un techo de madera del siglo XIV con forma de casco de barco invertido, como si unos carpinteros de ribera hubieran puesto una nave boca abajo sobre los fieles.

Dentro hay también una columna de mármol verde, lisa y brillante, que según la tradición llegó de Constantinopla después de 1204, como botín de la cuarta cruzada. Venecia se llenó entonces de mármoles y columnas arrancados de Bizancio, y muchas iglesias de barrio conservan alguna pieza de aquel saqueo.

Este es buen sitio para hablar de las sarde in saor: sardinas fritas cubiertas con cebolla pochada lentamente en vinagre, a veces con pasas y piñones, que se dejan reposar al menos un día. Era comida de marineros: el vinagre conservaba el pescado durante las travesías, y se decía que la cebolla ayudaba contra el escorbuto. Hoy es el plato obligado de la noche del Redentore, en julio, cuando los venecianos cenan en barcas esperando los fuegos artificiales.

Fíjate en la gente: aquí los venecianos viven de verdad, con sus perros, sus bolsas de la compra y su ombra al atardecer en el campo. Si alguien te saluda con un ciao, devuélveselo. Ahora sal del campo hacia el noreste, en dirección al Gran Canal, hasta un palacio de arcos blancos asomado al agua.

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