Calle Betis: el balcón de Triana sobre el Guadalquivir

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Asómate al pretil de la calle Betis y deja que la vista cruce el río: enfrente, la Torre del Oro, la Maestranza y, más allá, la Giralda asomando sobre los tejados. A tu espalda, una fila de casas pintadas de albero, añil y almagra. Este es el mejor balcón de Sevilla, y lo tiene Triana.

Key Facts

PlaceCalle Betis: el balcón de Triana sobre el Guadalquivir
AddressCalle Betis, 41010 Sevilla, Spain
Geo Coordinates37.38220, -5.99900
Part of WalkTriana, la otra orilla de Sevilla: flamenco, cerámica y cofradías
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Asómate al pretil de la calle Betis y deja que la vista cruce el río: enfrente, la Torre del Oro, la Maestranza y, más allá, la Giralda asomando sobre los tejados. A tu espalda, una fila de casas pintadas de albero, añil y almagra. Este es el mejor balcón de Sevilla, y lo tiene Triana.

El nombre de la calle es un viaje en el tiempo. Betis viene de Baetis, como llamaban los romanos al río, el que daba nombre a toda la provincia de la Bética. Los árabes lo rebautizaron al-wadi al-kabir, el río grande, y de ahí sale Guadalquivir. Dos mil años y tres lenguas para el mismo agua... y un equipo de fútbol, el Real Betis, que se llevó el nombre romano.

Desde esta orilla se veía el puerto de Indias. Tras la creación de la Casa de Contratación en 1503, por este río salieron las flotas hacia América y volvieron cargadas de plata. Y por este río llegaron también barcos con personas esclavizadas, africanas e indígenas, que se vendían en Sevilla: en el siglo XVI la ciudad tuvo una de las mayores poblaciones esclavas de Europa. La riqueza que ves en la otra orilla tiene esa sombra, y conviene nombrarla.

Pero la calle Betis es sobre todo fiesta. En julio, en la Velá de Santa Ana, aquí se monta la cucaña sobre el río, y los chavales se resbalan por el palo engrasado hasta caer al agua entre aplausos. Y al caer la tarde, en verano, la orilla se llena de gente sentada en el muro con una cerveza, mientras desde alguna ventana se escapan unas palmas.

Aquí termina el paseo. Empezaste en un puente que antes era de barcas y acabas mirando el mismo río que lo hizo todo posible: el barro de los alfareros, el oficio de los marineros, la plata y el dolor. Si esperas un poco a que caiga el sol, quizá oigas una soleá saliendo de algún patio... y entonces sabrás que Triana sigue cantando.

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