Stadio di Domiziano: el estadio bajo Piazza Navona

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Asómate a la barandilla de Piazza di Tor Sanguigna, justo detrás del extremo norte de Piazza Navona: varios metros por debajo de la calle asoman arcos de ladrillo y bloques de travertino. Luego vuélvete hacia la plaza y mírala a lo largo. Larguísima, estrecha, con un extremo redondeado.

Key Facts

PlaceStadio di Domiziano: el estadio bajo Piazza Navona
AddressVia di Tor Sanguigna 3, 00186 Roma RM, Italy
Geo Coordinates41.90020, 12.47260
Part of WalkPlazas, cúpulas y fuentes: la Roma barroca de Piazza Navona a la Fontana di Trevi
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Asómate a la barandilla de Piazza di Tor Sanguigna, justo detrás del extremo norte de Piazza Navona: varios metros por debajo de la calle asoman arcos de ladrillo y bloques de travertino. Luego vuélvete hacia la plaza y mírala a lo largo. Larguísima, estrecha, con un extremo redondeado. No es un capricho de urbanista: estás sobre las gradas de un estadio.

Es el estadio de Domiciano, inaugurado hacia el año 86 para los juegos atléticos al estilo griego que tanto le gustaban al emperador: carreras a pie, lucha, lanzamiento de disco. Medía unos doscientos setenta y cinco metros de largo, y se calcula que cabían entre veinte y treinta mil espectadores. Cuando el estadio se arruinó, los romanos construyeron sus casas sobre las gradas, y por eso la plaza conserva su silueta exacta: el suelo que pisas es la pista, y los edificios, las tribunas.

Incluso el nombre es un fósil. Las competiciones griegas se llamaban agones, y el lugar se conoció como in agone. En boca de los romanos, in agone se convirtió en n'agone, y de ahí, con los siglos, en Navona. La iglesia que preside la plaza conserva todavía el nombre antiguo: Sant'Agnese in Agone, Santa Inés del estadio.

Santa Inés es la protagonista de la leyenda más antigua de este lugar. Era una muchacha romana de unos doce o trece años que, a comienzos del siglo IV, se negó a casarse y a renunciar a su fe. Según la tradición, la expusieron desnuda bajo los arcos del estadio, que entonces servían de prostíbulo, y su cabello creció de golpe hasta cubrirla por completo. Murió mártir, y sobre el lugar de su humillación se levanta hoy la iglesia barroca.

Y la plaza nunca dejó de ser un espectáculo. Desde mediados del siglo XVII hasta 1866, en los fines de semana de agosto se taponaban los desagües de las fuentes y Navona se inundaba: los nobles la cruzaban en carroza salpicando a todo el mundo y el pueblo se refrescaba entre risas. Lo llamaban el lago de Piazza Navona. Ahora camina por la plaza hacia el centro, hasta la fuente más grande, la del obelisco.

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