Observatorio Štefánik y la Rosaleda

Why is it significant?

Ahora estás en la Rosaleda de Petřín: parterres geométricos, arcos de hierro, miles de rosas que a principios del verano perfuman toda la cumbre. Y al fondo, unas cúpulas blancas que parecen setas gigantes brotando de un edificio: el Observatorio Štefánik.

Key Facts

PlaceObservatorio Štefánik y la Rosaleda
AddressStrahovská 205, 118 00 Praha 1-Malá Strana, Czechia
Geo Coordinates50.08140, 14.39730
Part of WalkLa Praga escondida: Petřín, Strahov y la Loreta
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Ahora estás en la Rosaleda de Petřín: parterres geométricos, arcos de hierro, miles de rosas que a principios del verano perfuman toda la cumbre. Y al fondo, unas cúpulas blancas que parecen setas gigantes brotando de un edificio: el Observatorio Štefánik.

Lleva el nombre de Milan Rastislav Štefánik, y su vida parece una novela de aventuras. Era eslovaco, hijo de un pastor protestante, y astrónomo de verdad: subió a observar el Sol desde la cima del Mont Blanc. Luego se hizo francés, aviador y general en la Primera Guerra Mundial, y junto a Masaryk y Beneš fue uno de los tres padres de Checoslovaquia. Murió en mayo de 1919, cuando su avión se estrelló cerca de Bratislava, justo cuando volvía a casa.

El observatorio abrió en 1928 con una idea preciosa: que el cielo no fuera solo cosa de catedráticos. Lo construyó la Sociedad Astronómica Checa para que cualquiera pudiera subir y mirar por un telescopio. Aún hoy, en plena ciudad, desde estas cúpulas se ven los cráteres de la Luna o los anillos de Saturno. Un general que observaba el Sol desde los Alpes no podía tener mejor homenaje.

Y si vienes un primero de mayo, verás algo más terrenal. Las parejas suben a estos jardines a besarse bajo un árbol en flor, y muchas hacen cola junto a la estatua del poeta Karel Hynek Mácha, obra de Josef Václav Myslbek, que está en el parque. Mácha publicó en 1836 su poema Mayo, que empieza diciendo que era una tarde de mayo, tiempo de amor. Murió ese mismo año, con solo veinticinco. Los checos llevan casi dos siglos besándose en su honor.

Fíjate en el muro almenado que pasa junto a la rosaleda, a tu espalda: es el mismo que viste bajar por la ladera. Pronto caminaremos a su lado. Ahora sigue el camino hacia el norte, siempre por lo alto. En unos minutos verás asomar entre los árboles una torre de hierro que te va a resultar sospechosamente familiar.

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