Nebozízek: viñas, cerezos y piedra de Petřín
Why is it significant?
Bájate del vagón en la parada intermedia, o detente aquí si has subido a pie, y date la vuelta despacio.
Key Facts
| Place | Nebozízek: viñas, cerezos y piedra de Petřín |
|---|---|
| Address | Petřínské sady 411, 118 00 Praha 1-Malá Strana, Czechia |
| Geo Coordinates | 50.08240, 14.40020 |
| Part of Walk | La Praga escondida: Petřín, Strahov y la Loreta |
| Generated | Generated |
Bájate del vagón en la parada intermedia, o detente aquí si has subido a pie, y date la vuelta despacio. A tus pies se abre de golpe toda la ciudad: los tejados rojos de Malá Strana, la cúpula verde de San Nicolás, el río con sus puentes en fila y, al otro lado, las torres puntiagudas de la Ciudad Vieja, como lanzas pintadas en un tapiz.
Este rincón se llama Nebozízek, y en checo la palabra designa una barrena pequeña, una herramienta de carpintero. Por qué un trozo de colina lleva nombre de herramienta es algo que nadie ha sabido explicarme del todo. Lo que sí sabemos es que aquí, durante siglos, hubo viñas. En 1358 el emperador Carlos IV ordenó plantar viñedos en las colinas que rodean Praga, y estas laderas soleadas, que miran al este, se llenaron de cepas.
Hoy las viñas casi han desaparecido, pero quedan los huertos. Petřín está salpicado de manzanos, perales y cerezos, y en primavera, cuando florecen, los praguenses suben con una manta y un termo a sentarse debajo. Es una especie de fiesta de los cerezos a la checa, sin que nadie la llame así, con estudiantes leyendo, abuelas con nietos y parejas que no leen nada.
El propio nombre de Petřín guarda una pista. Muchos lo relacionan con la palabra latina petra, piedra, y tiene sentido: de las canteras de esta colina salió la piedra con la que se levantaron muchas iglesias románicas y góticas de Praga. Cuando pasees luego por la Ciudad Vieja y apoyes la mano en una pared medieval, piensa que quizá vino de aquí arriba.
Ahora vamos a salirnos del camino de los turistas. Toma el sendero hacia el sur, cruza por una de las aberturas de ese muro almenado que baja por la ladera, del que te hablaré más adelante, y entra en el jardín Kinský. Allí, entre los árboles, te espera una iglesia que, en rigor, no debería estar en Praga.